Una pregunta que me hacen con frecuencia: ¿Es posible engañar a un polígrafo o máquina de la verdad?

Alerta de spoiler: Sí es posible.

Y los japoneses nos dan una pista:

Un concepto fundamental japonés es la dualidad Honne / Tatemae.

Honne son los sentimientos y pensamientos de una persona; Tatemae es la costumbre de disfrazar esos sentimientos para no ofender a los demás.

Una realidad incómoda: en Japón es normal mentir para evitar conflictos.

El Tatemae puede ir desde la sutil diplomacia, pasando por hipocresía y llegando hasta mentiras flagrantes.

Todo por evitar confrontaciones.

Esto les crea una tensión muy grande, y por eso acostumbran ‘soltar el Honne’ libremente ayudados por el alcohol en un bar de Karaoke.

De hecho, es perfectamente normal y aceptado que un empleado súbitamente sea sincero con su jefe y le diga lo que opina de él, o que el jefe le confíe problemas que tiene con su familia. Es su forma de desahogarse.

¿Qué tiene que ver esto con un detector de mentiras?

Podríamos decir, sin ser japoneses, que un polígrafo detecta inconsistencias en el Honne / Tatemae.

Cuando por ejemplo, alguien es culpable pero afirma ser inocente.

El detector muestra sus reacciones y saltan las agujas.

Por eso, debería haber una forma de ‘controlar el Tatemae’, o la parte corporal de lo que expresamos a los demás.

Pero la frase: ‘Controlar el lenguaje corporal’, conectado a un detector de mentiras, no es válida.

Simplemente, no podemos.

A menos que vayamos directo al Honne.

Quienes engañan a un polígrafo y mienten sin ser detectados, es porque han logrado asumir sus respuestas no como algo fabricado, ni una mentira creíble, ni nada que sea ‘disfrazar’.

Literalmente, creen en lo que responden, y así lo logran.

Pero, ¿Cómo acceder al Honne?

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

Para poder ‘sintonizar’ su Honne en el sentimiento buscado, es necesario estudiar los gestos que tendría una persona al expresarse con veracidad.

En otras palabras, aunque el Honne es interno hay que modelarlo desde fuera.

Por eso es fundamental tener un amplio vocabulario no verbal.

No solo tener inteligencia emocional, sino ser consciente de cómo expresa sus emociones.

Así como tiene un vocabulario verbal, tiene uno corporal.

Y así como el verbal, puede enriquecerlo.

Sé que el ejemplo de ‘engañar a un detector de mentiras’ es extremo (Y espero que usted no lo use de forma indebida).

Pero sí podría aplicarlo, por ejemplo, para controlar el miedo escénico, o para canalizar sus nervios durante una negociación.

Ésta es una deficiencia generalizada en muchas empresas, y una de las labores más difíciles que desempeñan nuestros consultores.

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Domo Arigato,

Jesús Enrique Rosas
Director – Knesix Institute

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