Esta semana retomé en Twitter mis #JuevesDeJapon, unas reflexiones que escribo basándome en la cultura japonesa, de la que me considero entusiasta.

Revisando los hilos que ya había publicado, me encontré con el de las espadas samurais: las katanas, y su realización.

Bien sabes que trato de ser conciso al escribir, y por eso a veces obvio ciertos detalles.

Por ejemplo, que la curvatura de las katanas se obtiene no al forjarlas sino en el proceso del templado, casi ‘por arte de magia’.

A Melissa, una de mis lectoras (y con amplia experiencia en el tema de los metales), me hizo la acotación en buena onda que más que magia era un complejo proceso molecular.

Y tiene razón.

Para endurecer una aleación como la de las espadas samurais, es necesario calentar el metal al máximo en una fragua y luego sumergirlo en agua para que se enfríe rápidamente.

Es lo que forma la martensita, o la ‘reorganización’ molecular de una aleación, convirtiéndola en un material legendariamente resistente.

En el caso de las katanas, antes de sumergirlas cubren una parte con arcilla, lo que crea una diferencia en el tiempo de enfriamiento en su superficie.

Esa diferencia es lo que crea la curvatura.

Ahora, hablemos de tu mente.

¿Quieres una mente enfocada de forma legendaria, como una espada samurai?

Tienes que seguir el mismo proceso:

Primero, llevarla hasta el máximo de lo que resistas: la máxima temperatura donde el metal se pone casi blanco.

Segundo, tienes que dejarla enfriar por completo… y rápidamente.

Son exactamente los mismos pasos, solo que nunca los aplicamos.

Algunos errores que cometemos:

  • No calentamos el metal no suficiente: no llevamos nuestra mente al límite y desperdiciamos energía.
  • Calentamos al máximo por demasiado tiempo: Terminamos agotados y destruidos.
  • Enfriamos lentamente: Tratamos de tomarnos unos días para despejarnos… pero no nos desconectamos del trabajo.

Si se trata de una espada, tendríamos que retroceder unos cuantos pasos.

Pero al tratarse de tu mente, no tienes ese privilegio. Solo puedes seguir e intentarlo de nuevo.

(A pesar de creer que algo anda mal en ti).

Pero no pasa nada. Solo tienes que:

  • Llevar tu mente al máximo, hasta el punto en el que ya no puedas más, y…
  • Enfriarla rápidamente, soltando absolutamente todo, por al menos un día completo.

Esa dinámica templará tu mente para hacerla cada vez más potente… y reaccionar mejor ante retos cada vez más grandes.

Piensa cómo puedes hacer este proceso, tuyo.

Luego me cuentas.

Que tengas genial fin de semana,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.

P.D. Si quieres revisar todos mis «Jueves de Japón», puedes hacerlo en este enlace: https://twitter.com/Knesix/status/1197486612889907200

Suscríbete a nuestras lecciones diarias y descarga nuestro ebook: "100+ tips de Comunicación No Verbal":