Si quieres avanzar más rápido, tienes que pedir ayuda:

El joven estaba en el baño cuando sonó el teléfono.

Era 1981, así que ‘ir al baño’ y ‘tener el teléfono cerca’ no era como en nuestros días. No acostumbraba recibir llamadas así que trató de atender rápido; podría ser algo importante.

Y vaya que lo era.

“Eh, ¿Cómo estás? ¿Qué andas haciendo? mira, acabo de hablar con Mark. ¿Recuerdas a Mark, verdad? bueno, él y sus chicos ya están en Nueva York listos para grabar… pero quieren saber si tú puedes hacer una audición para ellos”.

Era primero de abril, el ‘día de los inocentes’ norteamericano, así que el joven pensó que se trataba de una broma.

“Jajajajaja, sí claro… ¿También quieren que cante, me imagino?. Hablamos luego”. Colgó el teléfono.

Volvió a sonar de inmediato.

“Hola”.

“Eh”.

“Es en serio. Necesitan que tomes un vuelo de San Francisco a Nueva York en dos días. ¿Te sabes sus canciones?”

Habían compartido escenario varias veces, pero nunca se había puesto a aprenderse sus temas; estaba demasiado ocupado tratando de sacar adelante a su propia banda; banda que tendría que abandonar si aprovechaba esta oportunidad.

“¿Sigues allí? si no te las sabes, puedo hacerte llegar una copia del demo para mañana”.

“Sí… mándamela para poder aprenderme las canciones. La esperaré”.

“De acuerdo. ¿Qué les digo a tus compañeros, entonces?”.

“Yo trataré de explicarles”.

No esperó a que le llegara la cinta; hizo él mismo varias llamadas y consiguió una copia pirata en cassette. Para las doce de la medianoche de ese mismo día, ya se sabía la mitad de las canciones.

Menos de cuarenta y ocho horas después, estaba en Nueva York haciendo la audición con la banda.

Y prácticamente le ofrecieron el puesto de inmediato.

Era oficial: había firmado un contrato como guitarrista profesional, en una banda a la cual admiraba, y directo a grabar un disco en menos de un mes.

¿Cómo crees que reaccionaría cualquier muchacho de apenas 18 años?

Sí: sería demasiado fácil que se le subieran los humos a la cabeza en cuestión de horas.

Pero faltando menos de tres semanas para comenzar la grabación, le dijo a sus nuevos compañeros:

“Necesito regresar a San Francisco. Serán solo unos días”.

Esto no les cayó muy bien que digamos, pero cuando les explicó el por qué, se quedaron un poco más tranquilos.

Dos días después estaba de vuelta en su ciudad; había regresado a buscar a alguien.

A su maestro.

El anciano de veinticuatro años daba clases de guitarra en una destartalada tienda de música de la ciudad; tenía fama de ser un profesor extremadamente estricto quien perdía la paciencia muy, muy rápidamente.

Imagina un maestro de Kung Fu, pero con un instrumento de seis cuerdas de metal.

El joven había sido su estudiante mucho antes de iniciar su propia banda; se había comportado como un aprendiz ejemplar, dedicándose a practicar al máximo todo lo que su maestro le indicaba.

De hecho, fue uno de los pocos que se ganó el derecho de ver dos clases por semana, cuando a la mayoría le era casi imposible seguirle el paso con una sola.

Ahora, habiéndose convertido en profesional de la noche a la mañana, regresó a él pidiéndole que le llevara al siguiente nivel.

Aún con un futuro promisorio, un gran talento y unas tremendas ganas de darlo todo… decidió comportarse como un estudiante.

En pocas palabras: Cuando más se esperaba de él, más fue su disposición a aprender.

El maestro lo recibió de nuevo, sereno y feliz de ver que su pupilo había surgido gracias a su dedicación. Estudiaron cada canción pautada para grabaciones, intercambiando ideas y desarrollando versos musicales nuevos.

Años después, el maestro se referiría a su estudiante durante esos días: “Tenía un talento tremendo, así que pude concentrarme en la parte melódica, más avanzada, más compleja… todo gracias a que él siempre fue como una esponja, dispuesto a aprender más y más”.

Gracias a esa actitud, el joven brilló cuando regresó a Nueva York. Grabaron el disco y la gira comenzó de inmediato.

Nunca dejó de regresar a San Francisco para seguir aprendiendo con su maestro, ni siquiera después de que vendieran más de un millón de copias.

La única razón por la que no recibió más lecciones, fue porque el sabio se retiró de la enseñanza en enero de 1987; de hecho, su última lección fue para el joven.

Hoy, ambos son músicos consagrados.

El joven es Kirk Hammett, a quien le falta poco para cumplir 40 años tocando para Metallica; su maestro: Joe Satriani, ha vendido más de diez millones de discos en solitario.

Te he mencionado varias veces que nuestro estado natural debería ser siempre superarnos a nosotros mismos.

Convertirnos en esa versión más fuerte, más resiliente, más plena de nuestro ser. Es nuestra obligación; quedarnos estáticos es morir poco a poco.

Pero no puedes pretender que tú mismo puedes agarrarte por el cuello de la camisa y levantarte en el aire, así como desafían la gravedad los personajes de las tiras cómicas.

Para llevar tu desempeño al siguiente nivel, necesitas a alguien con quien puedas compartir la angustia que en más de una ocasión sientes por la responsabilidad de dirigir tu empresa.

Tomar todas esas decisiones en solitario, puede llegar a ser agobiante. Por eso, el primer paso es: asumir la actitud de un estudiante.

Abrir tu mente para vaciarla de lo que ya no te sirve y lo que te está frenando; pulir aquello que sigue siendo útil, y lo más importante: abrir espacio para tus nuevas capacidades.

¿Cómo podría crecer tu empresa si tú no creces?

¿Y cómo puedes crecer tú si no actualizas la forma como opera tu mente?

Tu psicología es crítica para tu desempeño.

Yo puedo ayudarte a mantenerte al tope de tus capacidades.

Solo escríbeme para saber más: jrosas@knesix.com

Espero tu mensaje,

Jesús.

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2018-11-05T11:50:36+00:00

About the autor:

Jesús Enrique Rosas
Director del Knesix Institute. Consultor en Negociación y Lenguaje Corporal. Para conferencias y consultas, contactar a través de Linkedin.