Tres tonos sonaron en el teléfono, marqué dos números y colgué, levante el auricular, tres tonos, dos números y colgué; fue un proceso repetitivo de aproximadamente una hora, estaba nervioso, en estado de pánico para ser más exacto, mis manos y mi frente transpiraban, caminaba de un lado a otro en el cuarto pensando en cuales eran las palabras correctas que debía decir cuando ella levantara el teléfono al otro lado de la línea. En ese entonces recuerdo, tenía veinte años, no sabía qué, pero algo estaba mal en mi comunicación interna y externa.

Decidí entonces, que jamás me volvería a pasar, que jamás volvería a sentirme así nuevamente, esa sensación de miedo, incluso terror, con un hablar apresurado y sin pausas, esa sensación de que en la habitación hay menos oxigeno del que necesito para respirar correctamente, debían urgentemente ser trabajadas. No fue un camino corto ni menos fácil, la meta era aprender el máximo posible sobre comunicación y por sobre todo, interiorizar y acuñar este aprendizaje como propio, además de adaptar lo aprendido a mi persona. ¿Alguna vez escuchaste a esas personas que te dicen que debes ser tú mismo y listo?, pues revélate contra ellas y empieza a comprender que la respuesta no es esa, sino que la meta es lograr el “mejor tu”, “tu mejor versión”. Para eso tuve que estudiar y re descubrir en mí, nuevas formas de pensar, respirar, moverse, hablar, expresarse, y por sobre todas… escuchar.

No describiré el cómo, por razones simples, el material está, las herramientas están, y el camino también está trazado. Pero el proceso mi buen amigo, es individual, y a tu ritmo, que si bien debe ser constante, debe tener propios tiempo y pausas.

Déjame contarte un historia increíble y muy distinta a como comencé estas líneas, esto ocurrió aproximadamente cinco años después de aquella pésima experiencia frente al teléfono.

Era de noche, entre al bar, siempre me sentí bien ahí, las luces, a comida, la música, la gente simplemente me encantaba. Ya había estado dos o tres veces en ese lugar con mis amigos, lo había pasado genial, como siempre cuando hay buena compañía y la energía correcta. Es uno de esos lugares donde te gustaría vivir, y no por la variedad de tragos o lo diverso de la carta, sino por la cantidad de personas distintitas e interesantes en todo sentido, me refiero a raza, idioma, experiencias, emociones, pensamientos, ilusiones, sueños, etc. Además, estaba distribuido de tal forma que la música era un acompañante en la conversación más que una barrera difícil de superar en una interacción con otras personas.

Saludamos a la gente de seguridad y al personal encargado de atender al público como si nos conociéramos de la infancia, incluso nos pareció toparnos con el dueño del lugar y tener una entretenida conversación y un apretón de manos cordial; hasta el día de hoy no sé si se trató realmente del dueño o lo confundimos con otra persona de edad semejante. Buscamos la mesa mejor ubicada, pedí que me recomendaran los platos para compartir con mis compañeros y los tragos pidiéndoles que pensaran en los tragos que ellos elegirían para compartir con sus mejores amigos y nos lo recomendaran. La interacción con las mesas próximas fue inmediata, dos chicas que estaban junto a nuestra mesa no paraban de sonreír con nuestras historias y anécdotas, las personas que nos atendieron se reían e interactuaban en nuestras conversaciones, todo era muy similar a estar en una junta con tus mejores amigos en la comodidad de tu hogar. Una hora después ya habíamos reunido cuatro mesas del bar, todos hablaban con todos, la gente reía y disfrutaba, y a esa altura grupo de interacción era mucho más grande, más divertido y sencillamente más emocionante.

Durante esos cinco años había aprendido temas importantísimos. Como iniciar una conversación, como interactuar con grupos de personas, como caminar, la importancia del volumen y tono de la voz, el ser capaz de escuchar, como expresar con el cuerpo, como sonreír, etc. En resumen, manejaba variados conceptos del lenguaje verbal y no verbal, incluso ya había empezado con otros temas como la PNL e incluso conceptos de lectura en frío. Y esa noche, esa noche mágica justamente no estaba pensando consistentemente en ninguno de estos temas, nada de estructuras, posturas, sonrisas, respiración, donde estaban mis manos, cuanta atención prestaba a cada persona, ¡no!, esa noche no estaba pensando en nada, solo disfruté lo aprendido y deje que fluyera. Había llegado a un punto de plenitud personal en que disfrutas el proceso, en que todo te sale de forma natural y sin darte cuenta lo haces muy bien y seguro. Créeme cuando te digo que, fue una de las noches que más recuerdo en mi vida, no por los resultados, sino que por el proceso.

Para terminar mi relato, te contare algo más íntimo ya que nos conocemos un poco más. Tiempo después, cuando llevaba saliendo un tiempo con aquella chica morena, simpática, segura, sonriente, y de una mirada realmente alucinante y encantadora… ¡espera!, no te conté nada sobre ella, hablo de una de las dos chicas junto a nosotros en el bar ¿recuerdas? Luego de un día maravilloso y una noche de películas un domingo cualquiera, la mire a los ojos, y le pregunte directamente:

¿Qué fue lo que te gusto esa noche, específicamente que te sedujo de mí?

Ella me contesto emocionada, como si aquella noche pasara nuevamente por su mente, y me respondió:

“Cuando entraste, cuando caminaste desde la puerta de bar saludando y sonriendo y se veía una persona segura, contenta, socialmente feliz, con una mirada plena. Fue ahí que supe que debía conocerte.”

Cerré los ojos en mi sillón, respire profundamente, esbocé una sonrisa y comprendí entonces que “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”.

Por: Jaime Cancino.