¿Puede tu cuerpo influenciar tus pensamientos? Estos estudios dicen que sí:

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Tradicionalmente, el pensamiento se ha considerado como exclusivo de la mente; siguiendo un modelo muy parecido al de una computadora, nuestros sentidos serían los dispositivos periféricos por donde solo ingresa información, y nuestras piernas, brazos, verbo y acción son los medios a través de los cuales se exteriorizan nuestras decisiones; pero ¿El acto de pensar en sí? ése era hegemonía de la mente, o el procesador central según la analogía computacional.

Recientemente, ha surgido el concepto de cognición corpórea, el cual está basado en que la mente no trabaja de forma aislada de nuestro cuerpo, sino que mente y cuerpo están directamente involucrados en nuestro pensamiento.

De allí que el modelado kinésico, o ser conscientes de los gestos que hacemos con las manos o las posturas que asumimos con el cuerpo, es crítico para desarrollar a plenitud nuestras facultades tanto emocionales como cognitivas.

Mencionamos anteriormente que sostener una taza de café caliente puede modelar nuestra percepción de personas que acabamos de conocer, o que el peso de una libreta puede hacer ver un documento más importante de lo que es. Estos son ejemplos en los que nuestro cuerpo puede influenciar juicios cualitativos, pero ¿Será posible que pueda hacer lo mismo con procesos cognitivos mucho más abstractos, como las matemáticas?

Un estudio demostró la influencia del cuerpo en nuestros procesos mentales

En el Laboratorio de Cognición Espacial y Corpórea de la Universidad de Melbourne, el científico Mark Yates quiso probar esta hipótesis para verificar si el cuerpo es capaz de influenciar el ejemplo más extremo de pensamiento abstracto: los participantes tenían que inventar una secuencia de números aleatorios entre 1 y 30. Un escáner ocular registraba a dónde apuntaban sus ojos mientras realizaban la tarea.

Descubrieron que eran capaces de predecir con precisión la magnitud aproximada de los números que los participantes mencionaban, aún antes que los dijeran, solo observando el patrón de movimiento de sus ojos. Los movimientos a su izquierda indicaban que estaban a punto de decir un número bajo, mientras que movimientos hacia la derecha indicaban dígitos más cercanos a 30.

Adicionalmente, la diferencia en magnitud entre un número y otro, era proporcional a la magnitud del desplazamiento ocular de un lado a otro.

De acuerdo a Yates, este estudio estableció un enlace entre un proceso aparentemente abstracto y una acción corporal. Pero hasta ese momento, no se había respondido la pregunta de si era posible influenciar el proceso mental, manipulando la mirada.

El experimento fue repetido, pero esta vez los participantes debían fijar la vista en un punto enfrente de ellos, que cambiaba de posición de izquierda a derecha. La hipótesis: que los movimientos oculares dictados por el punto, influirían en los números en los que pensaban.

Según Yates, “Descubrimos que era exactamente así; cuando movían sus ojos hacia la izquierda, los participantes tendían a generar números menores, y cuando lo hacían a la derecha, era lo contrario”.

Este descubrimiento comprobó que el cuerpo es capaz de influenciar nuestros procesos cognitivos abstractos.

(Puedes revisar el abstracto aquí: Eye Movements Influence the Magnitude of Randomly Generated Numbers – K. Voigt, M. Yates, T. Loetscher, A. Ma-Wyatt, M. E. Nicholls – Abstract: http://www.ecvp.uni-bremen.de/~ecvpprog/abstract408.html )

Ya que hablamos de números y pensamiento…

Otras investigaciones relacionan movimientos oculares con ciertos conceptos; por ejemplo, nuestro concepto espacial de ‘Arriba’, está asociado metafóricamente con cualidades positivas, como lo comentan Brian Meier y Michael Robinson:

“…Quienes son éticos y morales ‘suben’ al cielo, mientras que los pecadores ‘bajan’ al infierno. En los medios, los críticos dan su aprobación con un ‘pulgar arriba’, y condenan con un ‘pulgar abajo’…” (Meier y Robinson, 2004, pp. 243)

Dada nuestra asociación entre “Arriba” y “Bueno”, estos investigadores descubrieron que las personas reconocen palabras positivas más rápidamente cuando aparecían hacia la parte de arriba de una pantalla, y las negativas eran más rápidamente procesadas cuando se encontraban hacia abajo.

Dehaene, Bossini y Giraux (1991) realizaron un experimento que en parte explica los resultados de Yates: Todos conceptualizamos a los números sobre una línea horizontal imaginaria, con el cero a la izquierda y aumentando a medida que van a la derecha.

En su estudio, se les presentó a los participantes dígitos del 0 al 9, y se les pidió que indicaran si el que veían era par o impar. Para seleccionarlo, tenían dos botones para cada opción, debiendo presionar cada uno con una mano distinta. El orden de los botones, los números y la habilidad matemática de los participantes fue variado para evitar sesgos.

Descubrieron que la reacción era mucho más rápida cuando el número era bajo y correspondía al botón en su mano izquierda, y viceversa.

¿Qué conclusión podemos obtener de estas investigaciones?

La teoría de la Cognición Corpórea aún está en desarrollo, y las implicaciones que podría tener influirían desde la psicología y las ciencias cognitivas hasta la robótica y la inteligencia artificial. Pero por el momento es más que suficiente para constatar que nuestra expresión y dinámica corporal no solo es capaz de modelar nuestro estado de ánimo, sino también la forma como pensamos. Ya no somos una mente aislada del cuerpo, sino un sistema virtuoso que piensa, siente e interactúa como un todo.

2018-01-21T04:57:53+00:00

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