Siempre me ha costado responder a la pregunta:

«¿A qué te dedicas?» «¿De qué se trata tu negocio?».

Confieso que a veces me pongo creativo y con toda seriedad digo cosas como:

«Desde hace dieciocho meses formo parte de un escuadrón elite de contrainteligencia».

«Soy Espía Internacional al servicio de Su Majestad».

«En realidad soy un clon. El verdadero Jesús me controla de forma remota desde una isla en el Pacífico».

Más allá de lo jocoso de tomarle el pelo a la gente, de verdad *me cuesta* responder a esa inquietud.

Puede que firme como «Director del Knesix Institute», pero eso es solo un cargo. No es a lo que me dedico.

Creo que todos en algún momento e incluso por gran parte de nuestra vida, sufrimos una grave crisis de identidad; y no se trata de no saber quienes somos, pues la respuesta a esa pregunta es cambiante conforme agregamos años a nuestra experiencia.

Aunque nuestro nombre sea la palabra que más nos gusta escuchar en el mundo, no somos nuestro nombre.

Aunque tengamos una identificación muy íntima con nuestra profesión, tampoco podemos identificarnos como tales.

(¿Cómo se identificaban los abogados antes de que existieran los abogados?).

Quizá abrí esta reflexión con la pregunta errónea:

«¿A qué te dedicas?»

…aunque pensándolo bien, es posible que no sea tan errónea después de todo. Gran parte de lo que somos es modelado por las acciones que emprendemos; nadie puede crecer y madurar si se mantiene en el mismo sitio.

Así que, por un momento, pensemos que lo que hacemos es lo que nos define.

Pero no las etiquetas; no tienes que ser Licenciado en Letras, ni siquiera tienes que hacerte llamar ‘Escritor’, para escribir.

¿Se tratará de solo hacer por hacer?

Lo dudo; sería como pintar un cuadro, escribir un poema o trabajar en la cura para una enfermedad… para que al final nadie se enterase.

Entonces, eso que hacemos debería ‘tocar’ a otras personas.

Allí caemos en otra de las grandes lagunas: el dedicarnos a hacer algo ‘porque es lo que el mundo necesita en este momento’, o porque es la profesión que corre en la familia, o porque es la carrera que será más solicitada en unos años.

Todas son razones externas a uno mismo.

El peligro: que en función a esas razones externas, modeles tu hacer; y si nuestro ‘hacer’ modela nuestra identidad, entonces estamos tratando de saber quienes somos a partir de señales externas.

No es de extrañarse que la frustración y la ansiedad corran rampantes por el mundo.

Y tampoco es de extrañar que una pregunta tan simple como ‘¿Quién soy?’, sea tan absurdamente difícil de responder.

Porque no eres tu nombre, ni tu trayectoria, ni siquiera lo que haces. Esto último, y su impacto en los demás, modela lo que eres pero no «Eres» tú.

Si mal no recuerdo, era una frase de ‘Batman Inicia’: Es lo que hacemos lo que nos define.

Si no estás de acuerdo, piensa en un hombre que le pega a su esposa, diciéndole horas después «Pero en el fondo, te amo».

Reflexiona un momento: ¿De cuántas formas entran en conflicto tu visión de ti mismo, y lo que haces y afecta a los demás?.

Por eso un gran ejercicio derivado de la PNL es: siempre que puedas, mírate a ti mismo en tercera persona.

Como esos videojuegos en los que ves a tu personaje corriendo frente a ti y puedes verle la espalda.

Hazlo, sobre todo, cuando tus acciones no sean precisamente las que están alineadas con lo que quieres.

Por ejemplo, cuando caes en ese vicio que consideras inofensivo. Sabes bien que no lo es; imagínate que te ves a ti mismo mientras lo haces. Mírate, ceder tu voluntad ante algo que te va absorbiendo la vida poquísimo a poco, casi imperceptible. ¿Qué sientes?

La mayoría de nuestras acciones están estructuradas en función a hábitos; creamos los hábitos para poder actuar más eficientemente.

No quiero extenderme; quiero que te quedes con ese pensamiento.

Y con respecto a mi pregunta original… creo que mi verdadera respuesta es:

Inspirar a otros.

¿Inspirarlos a qué?

Mira, buena pregunta.

La mitad del tiempo estoy inspirándome a mí mismo, jaja. La otra mitad resumo lo que pienso para que otros puedan aplicarlo.

Y una de las formas más extraordinarias que hay para inspirar, es hablarle a un grupo de personas en vivo.

Una clase en una universidad. Un taller de eso que amas hacer. Una conferencia magistral.

Si lo has hecho, sabes lo que se siente.

Y te diste cuenta que no se trata de ti, ni de tus etiquetas, ni de lo que dices; sino lo que haces sentir a quienes te escuchan.

Las acciones que les inspiras a emprender cuando termina tu discurso.

Eso es vivir.

Pocas cosas producen tanta euforia como eso.

Ahora mismo, mi misión es lograr que quien lo desee, pueda llegar a tocar con su inspiración, tantas personas como sea posible.

Puede que te cause curiosidad cómo lo hago.

Si en algún momento quieres que te enseñe a inspirar a otros, ten por seguro que para mí será un placer recibirte en nuestro círculo.

Para unirte: https://knesix.institute/conferencistas/

Te deseo éxito en tus reflexiones y acciones,

Jesús Enrique Rosas – Director, Knesix Institute

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