¿Para tú ganar, deben otros fracasar?

Robert tenía grandes expectativas ese día.

Tenía una audición para un papel bastante prometedor; una especie de vaquero intergaláctico. No disponía del guión completo, pero como siempre le había llamado la atención la ciencia ficción, no quería dejar pasar la oportunidad.

Tenía relativamente poca experiencia actoral y solo había interpretado un par de papeles secundarios -y casi terciarios- en algunas peliculas, a veces sin recibir crédito.

Pero le apasionaba la actuación más que nada en el mundo.

Por supuesto, un papel como éste significaría poder pagar las cuentas, que no iban a saldarse solas así nada más.

Para prepararse, había estudiado films de aventuras espaciales, y se imaginaba cómo se verían John Wayne, Clint Eastwood y Charles Bronson en esos escenarios siderales. Era un ejercicio de creatividad y visualización; le parecía una mezcla tan interesante que se enamoró instantáneamente de la posibilidad de plasmar esa visión en la gran pantalla.

Entonces le tocó su oportunidad.

Después de algunas horas en la sala de espera mientras otros aspirantes entraban emocionados y salían descorazonados, le tocó su turno.

Una vez dentro, trató de mantenerse sereno; acto seguido, en su mejor expresión de vaquero de las estrellas, soltó las líneas del guión que le habían adelantado:

“Mira, no estoy aquí por tu revolución, y no estoy aquí por ti, princesa; espero una buena paga. Estoy aquí por el…”

Le interrumpieron con un gesto de la mano. La audición no duró ni quince segundos.

Le dieron respuesta así de rápido: No era lo que estaban buscando.

Robert apretó los labios. Les dio las gracias por su tiempo y se retiró.

Camino a su casa se sentía vacío.

Como cuando tienes una ilusión muy grande y desaparece así, de un momento a otro.

Y peor aún, cuando se trata de algo que te apasiona tanto, aún más te duele que te rechacen de una forma tan seca.

Decidió dar un paseo para aclararse la mente y la frustración, cuando se acordó que había quedado con su amigo Mark, también actor, para tomar unas cervezas; seguramente ya estaría en casa, pues en esa época filmaba una serie justo al frente del edificio donde vivía Robert.

Al entrar, vio sus botas justo al lado de la puerta, como acostumbraba siempre que lo visitaba.

Mark estaba sentado en el sofá al frente a la televisión. “Eh Bob, ¿Qué hay? ¿Cómo te fue en la audición?” Al mismo tiempo que le saludaba, le extendió una cerveza.

“Pésimo. Me dijeron que era demasiado joven para el papel. Ni siquiera me escucharon, una porquería.”

“Imbéciles. Mira, justo empieza el Show de Mary Tyler Moore.”

“No estoy muy de humor en este momento para Mary”, dijo Robert mientras se empinaba la cerveza y se tiraba en el sofá.

Mark no le contestó.

Robert veía la televisión, sin verla. Lo habían rechazado varias veces en cualquier cantidad de audiciones y sabía que era parte de la vida como aspirante a actor, pero en verdad quería este papel. Sentía una gran amargura dentro de sí, y Mark lo notó.

“Eh Bob, si prefieres que me vaya, lo entenderé”

“No, no hay problema. Quizá se me pase a la tercera cerveza”

Terminaron de ver el programa y hablaron por un par de horas más. Mark se caracterizaba por ser muy bromista e imitaba toda clase de voces, así que entre risas, a Robert terminó por pasársele la nube gris que cargaba desde hacía rato.

Entonces recordó que en la misma película para la que él había hecho la audición, estaban buscando a alguien más.

“Eh, Mark… acabo de recordar, en esta producción necesitan a un tío como tú, para el papel de una especie de príncipe espacial”

Mark soltó una carcajada. “¿Príncipe espacial? ¿Y qué chorrada es esa?”

“No sé, son muy herméticos con el guión y no sueltan nada, pero creo que serías perfecto para ese papel. ¿Por qué no hablas con tu agente?”

Mark no tuvo que pensarlo mucho.

“¡Claro!, lo peor que pueden decirme es que soy demasiado viejo para el papel”

Los dos se rieron.

Al final, Mark obtuvo el papel de “Príncipe Espacial”.

Un príncipe espacial llamado Luke Skywalker.

Quizá Robert no obtuvo el papel de Han Solo, el vaquero espacial con el que tanto soñaba; pero años después tuvo éxito interpretando a Freddy Krueger en ‘Pesadilla en la Calle Elm”.

Cuando a Robert Englund le preguntan sobre esta anécdota, afirma con desparpajo que Mark Hamill le debe su carrera; todo gracias a la recomendación que le hizo ese día.

Cuando le preguntas a Mark, se ríe y reconoce que Robert fue la primera persona que le sugirió audicionar para el papel, pero cuando llamó a su agente ésta ya se había movido por su cuenta y le había concertado la fecha y hora para la audición. Gary Busey, quien actuaba con él en ese momento, también le mencionó que George Lucas estaba planeando filmar una aventura espacial.

Así que esta historia no es para afirmar que ‘solo por una casualidad’, Mark Hamill consiguió el papel de su vida como protagonista de Star Wars. No.

Con esta historia prefiero enfocarme en la actitud de Robert.

El mundo de la actuación es una competencia muy agresiva. Literalmente solo recomiendas un papel a tus amigos cuando ya no hay posibilidad de que tú lo obtengas; quienes logran convertirse en actores consagrados son relativamente pocos, y hay que trabajar muy duro y tener muchísima suerte.

Aunque no lo creas, muchas personas en el lugar de Robert habrían optado por no decirle nada a Mark.

“Si yo no conseguí el papel, pues entonces que quienes están a mi alrededor tampoco tengan oportunidades”.

Somos humanos y podemos sentir envidia cuando los demás consiguen lo que nosotros también queremos.

Por eso hay que parar un momento y reflexionar.

Reflexionar que tanto Robert como Mark lograron lo que buscaban; y la actitud de Robert, al recomendarle el papel, fue la correcta. Es una actitud que surge de pensar que hay suficiente campo para todos. Que los recursos que nos rodean son abundantes y el que tú ganes no significa que otros pierdan.

Es la famosa ‘suma-cero’, que tanto preocupa a muchos.

Y no quiero que te preocupe a ti.

Cuando pensamos que estamos sumergidos en una cruel competencia por acumular recursos limitados, es tener conciencia de escasez.

Que solo unos pocos pueden lograr lo que se proponen, y eso a costa de los demás.

Mejor piensa que el mundo es un gran océano de oportunidades.

Y literalmente, hay suficiente océano para que todos podamos navegar libremente.

Yo no puedo hacer esta reflexión por ti; debes hacerla tú, con tu propia experiencia personal.

Cuando lo hagas, quiero que también te hagas la pregunta: ¿Cómo puedo ganar aún más, cuando los demás ganen?

Repito, no puedo hacer la reflexión por ti.

Cuento contigo para que le dediques unos minutos hoy, antes de comenzar una nueva y reluciente semana mañana.

Me cuentas qué pensaste – info@knesix.com

Todo el éxito,

Jesús.

2018-07-01T17:59:24+00:00

About the autor:

Jesús Enrique Rosas
Director del Knesix Institute. Consultor en Negociación y Lenguaje Corporal. Para conferencias y consultas, contactar a través de Linkedin.