Knesix Mental Tools #2: El dilema de la alfombra

Una de las ventajas de los modelos mentales es que nos permiten no solo tomar mejores decisiones, sino que al reducir la fricción entre un problema y su solución, entras en acción más rápidamente y ahorras tiempo.

Desafortunadamente, a diario se nos presentan problemas y preocupaciones cuya solución es casi obvia… pero caemos en la trampa de considerarla compleja, cuando en realidad solo requiere seguir los pasos correctos.

Voy directamente al ejemplo: Primero, piensa en un problema que te esté fastidiando, o alguna preocupación no resuelta.

¿Listo? ¡Perfecto!, mantenla en tu mente pues la necesitarás en breve.

Ahora, te presento esta imagen:

A primera vista es solo un cuarto desordenado… bueno, en realidad tan desordenado no está; solo tiene más adornos y reliquias que una película de Harry Potter. En fin, observaciones decorativas aparte, imagina que éste es el planteamiento de un problema, y han recurrido a ti para encontrarle solución.

¿Cuál es el meollo del asunto? pues que es necesario quitar la alfombra que está debajo de todo.

Ésta, la marcada con el punto blanco.

Te preguntarás para qué necesitamos sacar la alfombra de ahí. No sé, quizá es un mapa tejido de un tesoro escondido, la fórmula para el elixir de la vida o la quieren rematar en mercadolibre para comprar yerba. No importa; la cosa es que hay que sacarla. Piénsalo un minuto mientras le das otro vistazo a la foto.

(En serio, piénsalo un momento)

Quizá tu respuesta al dilema sea más o menos así: “Bueno, hay que quitar el montón de basur… muebles, hay que quitar el montón de muebles que hay encima.”

Listo; realmente es una respuesta lógica y una solución obvia. Hay que quitar todo, pero… ¿Por dónde empezamos?

Quizá la mesa de noche es una buena opción. Pero para poder quitar la mesa de noche, hay que mover todo lo que está encima de ella. Empezando por la lámpara roja y el libro de ilegible portada, puedes poner todo afuera en el pasillo.

Luego le tocaría el turno a todas las vasijas que hay en el piso y la mesa del frente. Por supuesto, primero habría que mover los adornos encima de esa mesa. O quizá pedir ayuda para que alguien levante la mesa ligeramente mientras tú sacas la alfombra.

¿Fácil hasta ahora, verdad?

La última parte requeriría mover la cama (O solo levantarla), para terminar de sacar la bendita alfombra.

Ya está; ¡Tienes la alfombra en tu poder…! pero… casi la mitad de las cosas del cuarto, ahora están en el pasillo. No sería muy educado dejarlas ahí, así que vamos a colocarlas en su sitio.

Cuando las soluciones sencillas parecen más complejas de lo que son

Puede parecer un ejemplo tonto porque casi lo es. El proceso que usaste para formular una solución al problema de la alfombra es exactamente igual al proceso que usas para los problemas que te agobian todos los días.

Los problemas generalmente nos parecen más difíciles de lo que realmente son porque no logramos descomponer la solución en pasos sencillos. Sacar la alfombra de allí puede parecer una tarea tremendamente fastidiosa, pero igual comienza por algo tan sencillo como agarrar la lámpara roja y sacarla al pasillo.

Ahí está la lámpara. Ah, y el libro.

¿Cuántas veces no te ha pasado que sabes exactamente qué es lo que debes hacer para resolver algo y le das largas a más no poder? Seguramente el planteamiento es fácil “Solo hay que sacar los muebles y adornos”, pero en la ejecución no tienes ni idea de cómo comenzar. Quizá te agobian todos los factores, o la forma como se entrelazan entre sí (no puedes sacar la mesa antes de quitar los adornos de arriba).

Repasando los pasos planteados hasta ahora:

  • Reconocemos el problema y planteamos una solución (O conjunto de soluciones). Sabemos que todo problema tiene más de una forma de resolverse. Luego…
  • Descomponemos cada solución en sus pasos esenciales y determinamos cuál es la manera más rápida de comenzar.

Faltaría un tercer paso, que son las consecuencias de resolver el problema. Tienes la alfombra en tu poder pero consideras que es lo correcto poner todo de nuevo en su sitio. Mientras lo haces, no está de más limpiar un poco las mesas del polvo acumulado. O notas que la conexión eléctrica donde estaba conectada la lámpara estaba un poco salida de la pared y la empujaste para ponerla en su sitio. O descubriste que un adorno llevaba tiempo caído tras una de las mesas, y lo pusiste en su lugar.

Acaba de pasar algo muy divertido.

Resolviendo un problema, dejaste el escenario mejor de como lo encontraste. Esto pasa a menudo cuando desarrollamos un proceso para solucionar algo; al descomponerlo en pasos o fragmentos más pequeños, podemos identificar posibles problemas que podrían originar de ellos (Como por ejemplo, un cortocircuito por el enchufe de la lámpara).

Éste es el modelo mental que podemos aprender:

Descomponer no un problema, sino su solución, en fragmentos pequeños.

¿Recuerdas el problema que te agobia? Piensa en la solución que tú consideras correcta, ¿Cómo podrías dividirla en pasos sencillos, y dar el primero ahora mismo?

2018-01-21T04:54:02+00:00

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