Un día, dando clases en la Facultad, me encontraba desarrollando los criterios de Kent Blanchard sobre liderazgo situacional. Para preparar esta clase, me había hecho del video de este expositor que presentaba una nueva mirada de cómo se debía aplicar el liderazgo. El video era muy entretenido y diría que hasta divertido, ya que como material de respaldo Blanchard uso imágenes de la película Karate Kid, donde por medio de hacerle pintar la cerca y lustrar el auto el maestro Miyagi le enseñaba a Daniel San los secretos de las artes marciales en un claro desarrollo de un liderazgo situacional.

Me pareció muy buena idea tomar las referencias del video para dar la clase a mis alumnos, e inclusive llamé a la Facultad para que me preparen un aula con equipo de video para pasar la película como un material de apoyo que fije los criterios teóricos que yo había preparado con algunas transparencias.

Según la ley de Marphy, “cuanto más tratas de tener todo controlado, es cuando menos las vas a poder controlar”.

Y esa ley se iba a cumplir ese día, ya que no hubo forma de que pudiéramos hacer andar el equipo de video, por lo cual la película no la pudimos ver y todo lo que tenía organizado, se fue desmoronando frente a mis ojos.

Pensé en hacer la recreación del video yo mismo, pero temí al ridículo que podía hacer frente a mis alumnos adoptando poses y movimientos de Karate.

Me manejé con lo seguro que era el material teórico que yo había preparado, pero faltando media hora para finalizar la clase, empecé a notar que los alumnos cada vez me miraban menos a mí y miraban más el reloj.

Todos los que alguna vez fuimos docentes ó hemos tenido que dar una charla, sabemos que cuando la concurrencia empieza a mirar el reloj es porque los estamos perdiendo.

En un último esfuerzo para no perderlos y que no empiecen a inventar excusas por las cuales se debían retirar antes de tiempo, decidí improvisar bajando la teoría a ejemplos cotidianos.

Les dije según recuerdo, algo parecido a esto: -Blanchard para explicar su teoría, usó ejemplos de una película, los cuales también se pueden entender desde hechos cotidianos de la vida, por ejemplo: en una familia, un padre con hijos de diferentes edades, ante un mismo tema que es la asignación de responsabilidades de las tareas de una casa, determina tareas diferentes y negocia con intereses diferentes, ya que al hijo de 15 años, le asigna la tarea del corte de pasto a cambio de la salida del próximo fin de semana, y al de 12 años, le asigna mantener el orden de su pieza y luego ayudar a su hermano a juntar el pasto, a cambio de comprarle el último jueguito de Play Station.

El padre en este caso desarrolla un liderazgo Situacional y diferente, a personas con aptitudes y actitudes diferentes, donde la madre pasa a ser el jefe que debe asegurarse que las consignas impuestas sean cumplidas. Donde prestará mucha más atención al cumplimiento de las consignas del de 12 años que a las consignas del de 15, ya que el de 12 necesitará más supervisión.

En mi caso particular, el ejemplo debería de tener algunos retoques, porque la última vez que se cortó el pasto en casa lo hice yo, porque mi hijo había salido la noche anterior y la madre lo dejó que siguiera durmiendo porque “el nene” estaba muy cansado y el más chico estaba jugando con su último jueguito de Play, cuestión que hizo que tuviera que juntar el pasto solo. Este chiste oportuno causo mucha gracia entre mis alumnos, los cuales empezaron a tirar ejemplos que se superponían unos con otros.

Rescato uno muy bueno que dio un alumno, por lo bien que había entendido la idea de Blanchard, donde trasladaba el ejemplo a un equipo de Futbol, el cual lo explicó de la siguiente manera:

-Por ejemplo profesor, el director técnico es el Líder y dentro del equipo tiene jugadores de mucha experiencia que ya han ganado campeonatos, un número diez experimentado y muy habilidoso, y un chico de 18 años que debuta en primera.

-según Blanchard, el chico de 18 años estaría en el primer cuarto de la curva porque necesita más supervisión y se le asignarán tareas más limitadas y el jugador número diez estará en el último cuarto de la curva, ya que el líder no lo controla y lo deja a el que tome sus propias decisiones.

Realmente, yo no lo podría haber explicado mejor.

Se levantaban las manos por todo el salón para que yo escuchara el ejemplo de cada uno, a tal punto que ya se habían pasado 5 minutos de la hora y les tuve que pedir que se retiren, con la promesa que en la próxima clase seguíamos con más ejemplos.

Todos los alumnos, o eso me pareció a mí, mientras que se retiraban me comentaban lo mucho que les había gustado la clase y como se habían divertido, que para ellos era mejor el uso de ejemplos que manejan todos los días para poder comprender temas complejos y muy aburridos.

Uno me manifestó que lo había dejado pensando mucho en cuantas cosas se pueden comprender mirando a su alrededor, a lo que yo le contesté: -a veces, es solo cuestión de poner nombre y apellido a las cosas que nos ocurren todos los días.

A estas alturas, debo comentarles que al final de la clase, el que más se quedó pensando fui yo.

Ya fuera de la Facultad y subido en mí auto para emprender el camino de regreso a casa, la mente me seguía invadida de vieja preguntas que encontraban nuevas respuestas que hasta ese momento no habían sido tenidas en cuenta.

¿Puede ser que después de tanta búsqueda, las respuestas siempre hayan estado a mí alrededor, que las estuve mirando permanentemente pero nunca las había visto?

Me di cuenta, que nosotros estamos permanentemente, en todas las cosas que hacemos en nuestro constante interactuar con las personas, en un plano del ejercicio del liderazgo.

Pero ¿Por qué a estas acciones simples de la vida cotidiana no las consideramos a la hora de hablar de liderazgo?

¿Porque les falta desarrollo científico? ó ¿porque el término LIDERAZGO se ha exaltado tanto en su uso, que solo se habla de liderazgo cuando el ejercicio del mismo nos lleva a una notoriedad pública, o nos hace trascender de las personas comunes?

¿Será que solo se considera Liderazgo cuando el objetivo que se persigue puede ser cuantificable y superar los límites de una media pre-establecida?

Si Newton por una manzana que cayó del árbol desarrolló la ley de gravedad que rige hasta hoy, y Arquímedes pudo explicar que todo cuerpo ocupa un espacio, con el solo hecho de introducirse a la bañera y derramar el agua, ¿por qué el proceso de liderazgo no puede ser explicado con los ejemplos simples de la vida?

Prosiguiendo con mi viaje de regreso a casa. Mi cabeza seguía recibiendo ejemplos de cientos de cosas que hacemos diariamente, que pueden ser tomadas para entender el Liderazgo y muchas cosas más.

Decidí centrarme en la idea del Liderazgo y tratar de llevar a la práctica algún ejemplo antes de finalizar el viaje.

Minutos más tardes, un auto se aproximaba a toda velocidad por mí mismo carril, haciendo incesantes señales de luces para que me corra de su camino.

Pensando que podía ser alguna urgencia, puse el giro y traté de cambiar de carril para permitir su paso. Ya en ese momento el auto estaba detrás de mí como si lo llevara de tiro, este, haciendo un brusco movimiento, me supera y cuando me está pasando, veo a un joven que como máximo tendría la mitad de mi edad, el cual estira su mano haciendo gestos de reproche por ponerme en su camino.

En ese momento pensé que no debía sumarme a la discusión y lo dejé ir sin responder a sus agravios.

Luego de unos pocos minutos llego a la estación de peaje y busco la fila menos cargada para ubicarme.

Ya ubicado y para mí sorpresa, veo al joven que minutos antes me había maltratado en la autopista, se encontraba en la cola de al lado mío, tocando bocina como un desaforado generando el fastidio de todos a su alrededor, porque había quedado trabado en una fila que no avanzaba.

Se me ocurrieron hacer muchas cosas, pero pensé que era una buena oportunidad para probar mi teoría.

Ya estando cerca de él, le hice señas de luces para ganar su atención, reduje la velocidad de mi avance y con la mano estirada lo invité a que se cambie de carril. El joven que en principio me miró con intenciones de insultarme, pensando que le iba a reprochar lo sucedido minutos antes, vio mi gesto y cambió rápidamente su cara, dejó de tocar su bocina, me levantó su pulgar en señal de agradecimiento por el gesto que yo había tenido y se quedó en su fila esperando su turno.

Pasado este encuentro, sigo avanzando en la fila del peaje y llegando a la cabina, saco mi billetera y observo que: si bien el dinero chico que tenía me alcanzaba para pagar, yo necesitaba cambio para el otro día, así que saqué el billete más grande que tenía para pagar.

Tenía que pensar bien lo que le iba a decir, ya que eran las 11 de la noche y yo sabía, por la cara de fastidio que tenía la señorita que estaba en la cabina, que su turno había empezado varias horas antes y que si yo me presentara sin cambio le empeoraría su estado de ánimo.

Ya a un auto de llegar a la cabina, observo un prendedor en la camisa de la señorita que me dejaba ver su nombre.

Una vez ahí, baje el vidrio y mostrando una sonrisa le hice el siguiente comentario: -buenas noches Valeria, te pido mil disculpas, pero trate de conseguir cambio antes de subir a la autopista para no generarte una incomodidad y me fue imposible- saco el billete y en el momento que se lo muestro, le completo la frase: -te molesto mucho si te pago con $ 100,00?.

La joven, me muestra una simpática sonrisa que no le había notado en todas las veces que había pasado por el peaje, y mucho menos ese día, y me dice: – no se preocupe señor, no es ninguna molestia, yo se lo cambio porque Ud. se disculpó, me trato con mucho respeto y se dirigió a mí por mi nombre, nadie me presta atención, ni mucho menos me miran.

Agregando: – sírvase, muchas gracias y aquí está su vuelto, que tenga un buen viaje.

Luego de saludarla nuevamente por su nombre, emprendo el último tramo del camino hacia mi casa.

Comentario: Alguien alguna vez me dijo pronuncia el nombre de la persona con la que quieras interactuar, tantas veces como te sea posible y esta te tratará con respeto y distinción, porque el nombre de una persona es su bien más preciado”.

Continuando:

Hago un par de kilómetros y nuevamente veo por el retrovisor, el auto del “joven” aproximarse a mí. Para evitar cualquier nuevo desacuerdo, pongo el giro y me corro para que pase sin esperar que se aproxime mucho.

Esta vez, me pasa lentamente y cuando está junto a mí, alcanzo a ver que levanta su mano y me saluda, lo cual acompaña con un toque de bocina, luego aumenta su velocidad y lo pierdo de vista.

Quiero presentarles las conclusiones de mi hipótesis:

En primer lugar, en ambos casos generé un vínculo afectivo, tanto sea con Valeria como con el Joven del auto.

En segundo lugar, conseguí que los dos tuvieran un cambio de actitud positivo hacia mí, que dio lugar al tercer objetivo: que los dos hicieran lo que yo quería que hicieran sintiendo que lo hacían porque era bueno para ellos y que en ambos casos me dieran las gracias.

Analicemos lo que pasó:

El joven del auto dejo de tocar la bocina como un desaforado, cosa que me estaba volviendo loco a mí y a todos a su alrededor. También hice que se quedara en su fila tranquilo, y por último que no ponga en riesgo mi vida y la de muchos otros, manejando de manera arriesgada y temeraria.

Valeria, me dio el cambio que necesitaba, me atendió con simpatía y respeto y me regaló una sonrisa, que seguramente repetirá la próxima vez que me vea.

Si consideramos lo expresado en una de las definiciones más repetidas del liderazgo, la cual dice: “Liderazgo es la capacidad de lograr que la gente haga lo que uno necesita que hagan sintiendo que lo hacen para ellos mismo”.

De ser así, entonces ejercí en forma positiva, un efectivo ejercicio del liderazgo utilizando solamente habilidades blandas.

A lo largo de toda mi historia (la cual fue real) la COMUNICACIÓN NO VERBAL estuvo presente para ayudarme a entender que sentían o que pensaban las personas con las que tuve que interactuar ese día y como esa comunicación me permitió adaptar mi estrategia de comunicación.

Miguel Ángel Depierro.

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