El vagón iba casi vacío.

Mason Powers se asomó a una de las cabinas.

Allí estaba el cura, sentado.

Abrió la puerta, saludó y la cerró tras de sí.

Minutos después el cura sacó una pistola y le disparó en el pecho.

———

Casi no había nadie en el vagón.

Mason Powers se asomó a una de las cabinas.

Allí estaba el cura, sentado.

Respiró profundo. Exhaló lentamente.

Abrió la puerta, saludó y la cerró tras de sí.

Discutieron.

Minutos después el cura sacó una pistola y le disparó en el pecho.

———

Powers se asomó, una vez más, a la cabina.

Allí estaba el cura, sentado.

Se sonó los nudillos antes de entrar, saludó y cerró la puerta tras de sí.

Discutieron.

Casi podían oírse sus voces en el pasillo.

De repente, el cura se puso de pie y salió del vagón, indignado.

———

La historia ‘oficial’ de mi interés por el lenguaje corporal y la persuasión: Comenzó durante la carrera de Publicidad.

Pero en realidad, fue mucho antes; con un videojuego llamado «CountDown».

Un par de amigos del colegio se la pasaban hablando de él, agitando mi curiosidad.

Un día, ya no hablaron más del tema.

Les pregunté si lo habían terminado. La respuesta fue negativa; se habían atascado casi llegando al final.

Así que les pedí una copia (¿Recuerdan los diskettes?), y me puse a jugarlo a ver qué tal.

En unos días llegué a la parte del atasco:

El protagonista, Mason Powers, debía desarticular una conspiración que detonaría una bomba nuclear en París en pocas horas.

El ‘cura’ en el vagón era en realidad el líder terrorista, disfrazado (convenientemente llamado ‘El Chacal’).

Había que convencerlo para que saliera.

Lo que me hizo explotar la cabeza fue que CountDown te obligaba a aplicar ‘combinaciones’ de actitudes para convencer.

Preguntar, rogar y amenazar eran algunas de las opciones que debías combinar para ‘desbloquear’ a la gente como si fuesen una caja fuerte.

Eso me marcó.

De hecho, había un punto en el que incluso tenías que *amenazar* a El Chacal.

Era parte de la mezcla para convencerle a que saliera del vagón, e intercambiar su maletín con el detonador por otro.

Como en la vida real:

Tener ‘una sola actitud’ te limita.

Piensa en esto.

Por eso ves a políticos que usan siempre los mismos gestos, vendedores con los mismos guiones, o recomendaciones como ‘siempre demuestra confianza en ti mismo’.

No, no funciona así.

Te tienes que adaptar a tu entorno, a lo que quieres comunicar y a quien quieres persuadir.

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde que ‘entré en ese vagón’… y el comportamiento humano me parece cada vez más fascinante.

Imagina cómo podrías aplicar tú estas técnicas para convencer.

Te lo pongo fácil, suscribiéndote a mis actualizaciones.

Sé que tienes claro lo que quieres hacer con este conocimiento.

¿Cuándo tomarás la decisión?

Mucho éxito,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.

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