Ésta es la manera incorrecta de definir tu propósito (Y cómo ajustarla):

¿Alguna vez has sentido que no sabes exactamente qué es lo que quieres hacer con tu vida?

Algo así como una impaciencia latente por descubrir ‘eso’ que le dará sentido.

Tu propósito o tu visión.

Puede desesperarte ver a otros totalmente entregados a ‘eso’ que han visualizado para sí mismos, mientras tú continúas dudando si has escogido el camino correcto.

Es perfectamente normal, y muchos sufrimos eso durante años.

Para ilustrártelo, te presento la historia de Gabrielle.

Quizá su lucha interna te ayude en tu búsqueda.

Gabrielle estaba postrada ante el lecho.

Con solo once años, veía a su madre extinguirse lentamente, enferma de tuberculosis.

Murió poco tiempo después.

Su padre, al que prácticamente nunca veía, la llevó a ella y a sus dos hermanas a un convento, prometiéndoles volver pronto a buscarlas.

Fue la última vez que lo vio.

En el estricto y gris recinto, las monjas le imponían una fuerte disciplina. No había lugar para distracciones, ni alegrías, ni siquiera el más mínimo decorado que alegrara la vista.

Su vida habría sido miserable, de no ser por un puñado de libros escritos por Pierre Decourcelle, quien destacaba por sus novelas románticas.

Había descubierto el botín de libros prohibidos escondido en un armario del convento; debieron ser guardados allí después de ser confiscados a quien sea que logró escabullirlos dentro de esas gruesas paredes.

La mayoría de las historias de esas novelas seguían el patrón de Cenicienta; una joven desposeída que llegaba a vivir en un palacio por algún azar del destino.

Pero lo que más le llamaba la atención a Gabrielle, era la intrincada descripción de cada vestido que lucían las protagonistas de aquellas historias.

Así pudo aguantar siete años, hasta que a los dieciocho se fue a un internado. Allí descubrió el teatro.

Hizo absolutamente todo para convertirse en una estrella: Actuación, Canto, Danza. Pero en el fondo, sentía que no era el camino correcto para el éxito que buscaba.

Aún para las actrices sobresalientes de la época era difícil mantenerse con el trabajo en el mundo del espectáculo.

Por eso, la mayoría buscaba conquistar a algún fanático que tuviese la holgada solvencia necesaria para mantenerlas.

Un ‘Sugar Daddy’, como le diríamos en la actualidad.

No pasó mucho tiempo antes de que Gabrielle consiguiera el suyo: Etienne Balsan.

Éste, siendo el heredero de una cuantiosa fortuna, la invitó a vivir en su castillo. Allí Gabrielle se convirtió en una cortesana más.

Había cumplido su sueño.

O eso creía.

No pasó mucho tiempo antes de que Gabrielle comenzara a sentir, de nuevo, que le faltaba algo.

Vivía en un lujoso castillo y tenía toda la ropa que podía desear.

Pero aún así, se sentía vacía.

Deambulando un día por los pasillos de aquel palacio, entró en la habitación de Etienne y sin saber exactamente por qué, abrió los armarios y comenzó a probarse sus prendas.

Hubo un ‘click’ dentro de ella, al vestirse con ropa masculina.

Se sintió liberada.

En vez de los incómodos vestidos y corsés impuestos por la asfixiante moda femenina, los pantalones y camisas de hombre eran mucho más cómodos para vestir.

No era el hecho de ‘verse’ como un hombre, pues se sentía femenina; era usar una ropa que no limitaba sus movimientos.

En ese momento, comprendió la raíz de la insatisfacción que siempre sentía.

Todo lo que había buscado a lo largo de su vida, como el destacar en el teatro, la vida de palacio o los hombres que había seducido, era producto de una continua búsqueda de control y libertad.

El control y libertad que nunca había tenido, desde que tenía uso de razón.

Se dio cuenta de que desde siempre había envidiado el poder que tenían los hombres, y principalmente el derecho que tenían a usar ropa práctica y cómoda mientras las mujeres se resignaban a ser víctimas de una tortura diaria.

Desde el primer momento en el que Gabrielle se paseó así por el castillo, atrajo la mirada de todos. Por fin estaba en su medio: el poder, transmitido por su ropa.

Era imposible no notar el cambio en su personalidad; si antes era cautivante ahora era arrolladora.

Las demás cortesanas se dieron cuenta de esto e instantáneamente, quisieron emular su estilo. Ahora, ella era el centro; pasaban horas visitándola en su cuarto pidiéndole consejos y llevando las prendas que ella les sugería.

Fue cuestión de muy poco tiempo para que esa moda trascendiera los muros del castillo. Para que su estilo, su declaración de libertad, se volviese viral.

Estaba lista para tener al mundo en su mano.

Gabrielle ‘Coco’ Chanel fue una iconoclasta que definió un hito en el mundo de la moda: algo tan insólito como la liberación de la moda femenina… haciendo que se pareciera más a la de los hombres.

Pero Coco no sabía exactamente qué era lo que quería, así que persiguió metas ‘equivocadas’ a lo largo de muchos años.

Afortunadamente, no dejó de buscar. No se conformó, y hasta que su espíritu no tuvo la certeza de haber encontrado su propósito, no se quedó tranquila.

¿Cuántas personas en el mundo se conforman con ‘lo que les da la vida’?

¿Cuántas ni siquiera se molestan en preguntarse cuál será su propósito?

Estamos en una época peligrosa en la que nos exponemos a cientos de modelos de ‘éxito’ a través de los medios, y no nos tomamos el tiempo suficiente para reflexionar en silencio sobre nosotros mismos.

En tratar de definir la visión en la que queremos enfocarnos.

¿Sabes cuál es el problema? pensamos que nuestro propósito es algo en lo que tenemos que ‘convertirnos’.

Que hasta que no tengamos el dinero, los contactos, el posgrado o el trabajo correctos no seremos ‘eso’.

Tu propósito no está afuera. No es algo para lo que ‘llegas a ser’.

Ya lo eres, aunque no lo sepas.

Tu propósito ya está dentro de ti; solo tienes que quitar toda la cáscara que lo cubre.

Tristemente, nos condicionan desde pequeños sin querer con la pregunta: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”.

Definitivamente no nos lo preguntan con mala intención, pero igual nos predisponen a algo: Primero tenemos que ser grandes, para ser algo.

Primero tenemos que conseguir esto y aquello, para poder ser plenos y felices.

No.

Debemos comprender que la plenitud y la felicidad está en realizar lo que somos.

Descubrirnos a nosotros mismos. Conocernos y aceptarnos.

La búsqueda es interna.

Tú eres una escultura escondida dentro de un inmenso bloque de mármol.

Solo tienes que quitar todo lo que sobra.

Tus dudas, tus temores, tu incertidumbre.

Puede que te sea difícil realizar este paso, pues requiere de mucha inteligencia emocional.

El poder tener la sensibilidad de saber qué es eso que te mueve.

Pero hasta entonces, hasta que logres hacer una verdadera introspección, seguirás a la deriva.

Seguirás buscando algo más, como Gabrielle.

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Esas, que a veces te envían señales contradictorias y no sabes cómo interpretarlas.

¿Cuánto tiempo podrás seguir así, antes de finalmente decidirte a saber quién eres?

Por eso, el momento es ahora y no después.

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2018-11-18T15:26:58+00:00