La lección más importante de la película “Liga de la Justicia”

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Cuando te planteas un nuevo objetivo, al principio te sientes inspirado y hasta eufórico; puede que quieras aprender un nuevo idioma, ponerte en forma o escribir un libro. La perspectiva de emprender ese esfuerzo te estimula y, al menos en esa fase de conceptualización, estás seguro de que tendrás éxito.

El problema surge en el momento en el que efectivamente comienzas a intentarlo; no solo te das cuenta del tremendo esfuerzo que supondrá, sino que en el momento presente realmente apestas haciéndolo. Tanto es la diferencia entre tu estado actual y tu objetivo, que superar los primeros obstáculos se te hace mucho más difícil de lo que es en realidad.

Incluso tu mente racional sabe a ciencia cierta que es perfectamente factible alcanzar esa meta; millones de personas, con suficiente esfuerzo, lo hacen… pero eso no te hace sentir mejor; sigues sintiéndote agobiado porque no avanzas tan rápido como quieres.

Es aquí donde puedes encontrar inspiración en esta escena de “Liga de la Justicia”: Justo antes de uno de los primeros enfrentamientos que involucraba a un grupo de rehenes, Flash, siendo un superhéroe neófito, le refiere sus propios miedos a Batman con el siguiente diálogo:

Flash: Es genial que ustedes estén preparados para la batalla… pero es que ¡Yo nunca he peleado! como mucho, ¡Solo empujo a la gente y salgo corriendo!

Batman: Salva a uno.

Flash: ¿Que salve a uno?

Batman: No luches. No te enfrentes. Solo salva a una persona.

Flash: ¿Y luego?

Batman: Entonces, lo sabrás.

Flash demuestra su miedos, y Batman (como buen líder que es), lo toma en cuenta y le indica la mejor de las recomendaciones: concéntrate en salvar una persona.

Igual nos pasa a nosotros al enfrentarnos a un propósito que nos emociona y al mismo tiempo, nos parece demasiado grande; puede que creamos que no somos capaces. Pero si al principio nos concentramos en salvar a una sola persona, o en otras palabras, concentrarnos en una tarea pequeña y esencial para comenzar (olvidando por un momento el objetivo a largo plazo), será mucho más fácil dar esos primeros pasos.

Un método que puedes usar, es el de los 25 minutos:

– Si por ejemplo, quieres aprender un nuevo idioma, no te agobies tratando de dedicarle dos o tres horas diarias; más importante es que le dediques al menos 25 minutos pero eso sí, todos los días sin falta. Así evitarás agotarte y eso te permitirá mantener el ritmo. Al terminar los 25 minutos, dedica 5 a tratar de formar frases con las palabras que has aprendido, y decirlas en voz alta con la pronunciación correcta.

– Para ponerte en forma, no es necesario que te compres todo un ajuar deportivo o que te apuntes a un gimnasio. Comienza por caminar 25 minutos, todos los días sin falta. No te saltes ninguno. Al terminar, dedica otros 5 minutos a ‘sentir cómo te sientes’ después de haber entrenado.

– Para escribir un libro, sin importar de qué tipo sea, aparta 25 minutos diarios a practicar escritura. No hagas más nada, no juzgues, no corrijas. Solo escribe. Cuando terminen los 25 minutos, dedica otros 5 a revisar el texto y evaluar qué te gusta y qué no.

Woody Allen dijo en algún momento: “El 90% del éxito es simplemente estar ahí”. No solo se refería a ir a la oficina y calentar una silla. Se refería a estar trabajando en eso que quieres lograr, empezando por lo más sencillo:

Salvar a uno.

2017-11-24T07:53:10+00:00

Sobre el Autor:

Jesús Enrique Rosas

Director Ejecutivo de La Universidad Corporativa – Fundación Lenguaje Corporal. Escritor, conferencista e investigador, actualmente en Madrid. Autor del libro “Lenguaje Corporal en 40 Días”. Contáctale en nuestra Red.

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