¿Cuánto puede cambiar un mensaje según el tono, la mirada y la rapidez con la que se diga? Mucho más de lo que pensamos. Y ¿si carece de tono, mirada y rapidez? Mil veces más.

Actualmente, con tanta tecnología, estamos muy conectados con las personas que tenemos lejos, podemos hablar con cualquier persona conocida o no, a cualquier hora del día, cualquier día de la semana, viva donde viva.

Esto es un gran avance, ya que además de estar conectados, nos cuesta muy poco esfuerzo y muy poco o nada a nivel económico.

Hoy en día se ven muchos casos de ansiedad, estrés, baja autoestima, depresión y soledad. Esto se debe en parte a cómo gestionamos esas nuevas tecnologías y cómo nos afecta en cuanto a relacionarnos con los demás.

La comunicación entre un grupo de amigos, una pareja o una familia, se ve interrumpida, tiene interferencias debido a las nuevas tecnologías. Porque ya no es solamente la mensajería instantánea ni las llamadas, son la multitud de aplicaciones e información a las que tenemos acceso y son cada vez más “necesarias” para nosotros.

Esto afecta a la comunicación, los emoticonos ayudan sí, pero aun así no se ven los gestos, las miradas, las manos… Podemos escribir un “jajaja” o poner varias caritas llorando de risa, mientras estamos serios, tristes o incluso enfadados.

No digo que no utilicemos esas aplicaciones o que no naveguemos por internet y su información ilimitada, sino que entendamos que cuando estamos con personas que nos importan, que comparten su valioso tiempo con nosotros, lo agradezcamos, lo valoremos y lo disfrutemos con ellos, cara a cara, siendo como somos, sin prisas y sin interferencias.

Se dice que somos más valientes y nos explayamos más a través de las pantallas, ¿por qué será? Porque podemos borrar una y otra vez hasta escribir lo que mejor suena, porque no dejamos que nuestra mirada diga lo que realmente estamos pensando, porque enmascaramos el mensaje real…

Miremos a la cara de quien nos habla, no solamente con las orejas escuchamos y entendemos. Si estamos con la mirada en alguna pantalla, se nos escapan detalles, gestos, sonrisas silenciosas, y una parte importante del mensaje lo perderemos para siempre, porque no lo podremos rebobinar, y aunque nos lo repitan con las mismas palabras, no será lo mismo.

Algunas personas dicen que al escribir con mayúsculas o el estirar la palabra sirve para mejorar la expresión, pero al final no tiene nada que ver con lo que en ese momento hayamos querido decir.

Esto me lleva a recordar, como seguro habrá pasado a más de uno, que a veces lo que escribimos da lugar a malentendidos, y si entramos al trapo y empezamos a rebatir y discutir, al final surge esa impotencia de que no se llega a ningún acuerdo, de que cada vez lo ponemos peor y al final nos sentimos más pequeños e inútiles. Ya que no nos hemos expresado, ni desahogado, ni intercambiado miradas con esa persona con la que queremos arreglar la situación.

No dejemos que las tecnologías nos separen, pongamos de nuestra parte para que sigamos cruzando miradas, para que existan los silencios, para que haya contacto, improvisación, risas, momentos únicos que recordaremos, no solamente gracias a las fotos, sino gracias a que hemos vivido el presente, con todos nuestros sentidos y poniendo plena atención.

Aprovechemos las ventajas de Internet, pero aprovechemos más las ventajas de la comunicación cara a cara, sintamos cómo esas emociones que sienten los demás, también las podemos sentir nosotros, escuchando y observando no solamente qué dice, sino qué quiere decir.

Lucía González

Suscríbete a nuestras lecciones diarias y descarga nuestro ebook: "100+ tips de Comunicación No Verbal":