Temblaban sus pequeñas manos sudorosas que sujetaban el cuaderno. Ahí estaba él, un niño de escasos 9 años que intentaba respirar profundamente para mantener la calma, al mismo tiempo que debía recordar el tema para exponer frente a su clase. Y es que no era tarea fácil, él no era precisamente el niño más hábil socialmente y hace sólo unos días había sido humillado frente al grupo, con la chica que le gustaba…

“¿Cómo voy a comenzar?” “¿Y si el tema no les agrada?” “¿Qué hago si me preguntan algo que no pueda resolverles?” Ahí estaba yo, a punto de subir frente a una audiencia de más de 400 personas. Habían pasado 15 años ya de aquella experiencia en el salón de clases donde no salió muy bien todo. ¡Y vaya que me había dedicado! Eran “mis pininos” como coach y conferencista, el inicio de mi trayectoria en este mundillo del desarrollo personal.

Se me había contratado para presentarme en el 3er Congreso Nacional de Ingenierías Computacionales e Informática, frente a 400 alumnos, más profesores y demás personal de la universidad. Yo era el único tema ontológico de aquel panel (no, no tiene que ver con los dientes) y debía mostrar a los jóvenes la importancia de desarrollar habilidades personales más allá de lo que aprendieran en sus carreras universitarias.

Y es que las “habilidades blandas” no son un tema fácil. No se trata solamente de adquirir conocimientos académicos, sino de practicar para dominarlos. Llevaba ya 3 años preparándome en temas como Coaching Ontológico, Programación Neurolingüística e Inteligencia Emocional. Se trataba de un joven, casi recién egresado, hablando a universitarios sólo 3 años menores que él, ahí me di cuenta de la importancia que hay no sólo en lo que comunicas, sino también en la forma en que lo haces (postura, tono de voz, gestos y movimientos, etcétera). Y es que nunca me he considerado un hombre con gran carisma y la verdad solía ser muy torpe socialmente. Sin embargo, por alguna razón (que hasta hace poco me di cuenta), suelo ser una persona bastante persuasiva. Todo fue cuestión de practicar, practicar y seguir practicando. De poco sirve acumular conocimientos, títulos y libros, si no llevamos a nuestra vida lo que estamos aprendiendo.

En los 5 años que llevo como coach y conferencista, he confirmado que lo más importante es llevar lo que se aprende “a la vida real”, “a la cancha”. Precisamente eso es lo que diferencia a un coach, de un consultor, profesor o terapeuta, se trata de entrenarte en alguna o varas habilidades para lograr el resultado, como lo haces en un gimnasio.

Piénsalo: ¿tú seguirías yendo al gimnasio, si después de varios meses de entrenamiento, no notas una mejoría en tu salud, talla o masa muscular?

A lo largo de nuestras vidas, nos enfrentamos a situaciones que ponen a prueba nuestras habilidades. Muchas veces olvidamos las psicológicas para enfocarmos únicamente en las intelectuales y físicas, pero son las primeras las que hacen una gran diferencia al momento de lograr nuestros objetivos y acercarnos a nuestros sueños. ¿De qué sirve que tengas la mejor idea de negocio, si no tienes las habilidades para “vender” o transmitir esa idea?

¿Qué importa si eres la persona más apta para el puesto, si no aprovechas tu corporalidad, gestos y voz para encantar a quien hace la entrevista de trabajo? ¿Qué diferencia hace que hombres y mujeres menos “agraciados” físicamente sean tan carismáticos para relacionarse con los demás y tener las mejores opciones de parejas?

Es tu turno, llévalo también tú a la cancha.

La próxima vez que quieras desarrollar una habilidad o quieras aprender algo de manera extraordinaria, practícalo. Así como aprendiste a caminar, que seguro eres ya un experto o una experta haciéndolo (aunque a veces tropieces con tus propios pies cuando sientes que te observan). Recuerda que no sólo se trata de lo que haces, sino quien eres mientras lo haces y cómo lo manifiestas.

Por cierto, volviendo al tema de mi presentación ante tal audiencia en dicho congreso, ¡Fue espectacular! Los estudiantes y profesores quedaron fascinados con el tema, tanto que solicitaron poder extender 15 minutos más la sesión de preguntas y consultas. Si bien el tema de “Proactividad” es bastante interesante, le atribuyo mucho de ese éxito a la práctica de ciertas habilidades como proyección corporal, uso del tono de voz, habilidades de persuasión y mucha dedicación; nada que ver con aquel temeroso niño que no pudo terminar de presentar un tema sencillo por los nervios.

Si “no naciste con ese talento que necesitas”, entonces desarróllalo como una habilidad aprendida, practicando…

Por: Emmanuel Rodríguez

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