Era el último día de julio de 1944. El joven Horst Rippert, quien a duras penas sobrepasaba los veinte años, se encontraba de guardia en una estación aérea Nazi cerca de Marsella atento a cualquier notificación. Hasta ese momento, no había ocurrido ninguna novedad.

Ya cerca del mediodía, recibió una orden directa: interceptar una aeronave P-38 que sobrevolaba el Valle del Ródano. Seguramente provenía de alguna base de los Aliados en Córcega.

Fue una misión de rutina; despegar, volar hasta el punto marcado por el radar en tierra y avistar la nave enemiga.

El enfrentamiento duró escasos minutos. El entrenamiento del alemán había rendido frutos; no le costó mucho darle caza a aquel pájaro de metal decorado con los colores de Francia.

Lo único que le llamó la atención fue que las maniobras evasivas del piloto francés no se parecían a nada que hubiese presenciado antes; pocas veces había visto a alguien volar así. Pero la nave se veía maltrecha y lenta, y quizá eso produjo el rápido desenlace.

Lo último que vio antes de regresar a su base fue la larga estela de humo del P-38 mientras caía en picado al mar.

Era su cumpleaños número 17.

Podría haber sido una celebración como cualquier otra, si no fuese por el regalo que le entregaron ese día: un paquete macizo, envuelto en un brillante papel azul.

Al abrirlo, una gran sorpresa: el más reciente libro de su autor favorito. “Viento, arena y estrellas”, las memorias de Antoine de Saint-Exupéry donde exploraba temas como la amistad, la solidaridad, el heroísmo y la muerte en el cumplimiento del deber.

Esas narraciones tuvieron un profundo impacto en el joven alemán; cómo Saint-Exupéry fue un rebelde del cielo, haciendo siempre las cosas a su manera y desafiando a superiores y a elementos de la naturaleza por igual. Cómo estuvo al borde de la muerte en el desierto, sobreviviendo durante casi cuatro días sin agua en 1935. Cómo vivió su vida a su manera, con una intensidad que desafiaba a cualquier ficción.

Dos años más tarde, el joven Horst cumpliría su sueño de convertirse en aviador, como su ídolo.

El escritor gozaba de fama mundial. Perfectamente hubiese podido aceptar su baja del ejército francés, y dedicar el resto de su vida a escribir.

Pero tal era la intensidad con la que había vivido sus 44 años, que nadie hubiese apostado a que siguiera el camino fácil y tranquilo lejos de las nubes.

De hecho, debido a las heridas incapacitantes que sufrió en incontables accidentes y que le obligaban a tomar calmantes todo el tiempo, se le prohibió volar de nuevo. Cayó en una profunda depresión, hasta que logró convencer a la aviación que le permitiera servir en la liberación de Francia.

Un día, estacionado en la base de Córcega, recibió la asignación de realizar un vuelo de reconocimiento sobre el Valle del Ródano. Tendría que ir con sigilo e intentando volar muy bajo para no ser detectado.

Fue la última vez que lo vieron.

Casi medio siglo después, fue encontrado en un lugar cercano a la trayectoria de aquella misión un brazalete que tenía grabado su nombre, el de su esposa y el de su editor norteamericano.

“Antoine de Saint-Exupéry, Consuelo, Reynal & Hitchcock”

No pasó mucho tiempo antes de que la noticia llegase a oídos de Horst Rippert.

«Antoine de Saint-Exupéry ha desaparecido mientras pilotaba un vuelo de reconocimiento en el Valle del Ródano»

La fecha de la desaparición: 31 de Julio de 1944.

«Vaya, si fue la misma fecha en que…»

Se quedó inmóvil. Incluso sus pensamientos se paralizaron en silencio.

El corazón se le hundió en el pecho mientras los ojos se le desbordaban en lágrimas.

Horst Rippert falleció en el 2013, y durante esos casi 70 años estuvo lamentándose de haber causado la muerte de quien le sirvió de inspiración para convertirse en piloto.

Quizá podrías argumentar que solo era un soldado más obedeciendo órdenes (y lo era).

También podrías afirmar que su brújula moral no estaba del todo bien; después de todo, servía al Tercer Reich.

En ambos casos tendrías razón.

Rippert afirmó hasta el final: “Si hubiese sabido de quién se trataba, por nada del mundo le hubiese hecho daño”.

Entonces, ¿Si hubiese sido cualquier otra persona no hubiese importado?

Piensa en eso por unos minutos: Rippert afirmó que si hubiese estado al tanto de que era el autor de El Principito quien pilotaba ese avión, no le habría derribado.

¿No te suena parecido a quienes tratan bien a ‘ciertas personas’, solo por interés?

No recuerdo dónde leí una anécdota de un médico anestesiólogo que llegaba a trabajar en un hospital por primera vez; por alguna razón, se cruzó con otro especialista en circunstancias en las que lo podrían haber confundido con un enfermero.

–Buenos días –dijo en voz alta el recién llegado.

El otro ni siquiera reconoció su existencia. Hizo como que no estaba allí.

Al anestesiólogo le extrañó, pero no le dio mayor importancia. Un par de horas después, se encontraban en el quirófano.

La actitud del otro fue totalmente distinta.

–¡Saludos, colega! ¿Vienes a unirte a nuestro equipo, eh? ¡Pues vamos a lucirnos ahora y luego te invito un café para ponerte al día!

Dudó por un momento, pero entonces comprendió: el otro ni se molestaba en hablar a quien no consideraba que estaba a ‘su nivel’.

¿A cuántas personas así has conocido? Seguro que a más de uno.

Te hago un comentario jocoso: Hace años escuché de un amigo una expresión que me dejó perplejo, y no acerté a preguntarle en ese momento qué significaba:

«Uno nunca sabe cuando el pez bebe agua»

Entre mis muchas manías, le di vueltas a ese acertijo verbal tratando de encajarlo en diversas situaciones, sin lograr encontrarle sentido. Eso fue hasta que leí la anécdota del anestesiólogo.

Al darse cuenta de que el otro solo saludaba ‘según su interés’, comprendió inmediatamente que era realmente maleducado e incluso cínico.

Tampoco es que el resto de los seres humanos estemos libres de culpa; realmente no nos puede caer bien todo el mundo. Lo que sí podemos esforzarnos es en tratar a todos de manera educada y gentil.

Así, cuando por cualquier razón estés interesado en hablar con alguien en particular, no se va a ver ‘raro’ que lo trates mejor que a los demás… porque a todos los tratas igual que bien. Tu actitud se verá como algo natural; la característica de un verdadero líder.

(Ésa es mi interpretación de ‘Nadie sabe cuando el pez toma agua…’ si tratas a todos por igual, con respeto y amabilidad).

De allí la relación con la historia de Horst Rippert.

«Si hubiese sabido que era él, lo hubiese tratado distinto»

¿Ves la semejanza?

Tenemos el agravante que en nuestros días, estamos sometidos a toda clase de malentendidos porque por una parte no escuchamos (solo estamos pendientes de qué es lo que vamos a responder a continuación), y por otra somos realmente rápidos en juzgar a los demás.

Como en la película ‘Crash’ de 2004 (¡Altamente recomendada!), solo vemos la punta del iceberg de la vida de quienes nos rodean.

Así que una habilidad que deberíamos cultivar todos los días es: callar lo que nosotros queremos decir y en vez de eso, preguntar por el otro. Lo que quiere, lo que lo mueve, lo que anhela.

Hoy más que nunca, necesitamos desarrollar la escucha activa.

Y por supuesto, saber interpretar el lenguaje corporal de los demás.

Ése, literalmente, es un propósito firme que me fijé hace muchos años al darme cuenta de que cada vez nos separamos más a pesar de estar constantemente conectados.

Una lamentable contradicción.

Por eso me dediqué a la tarea de educar al mundo sobre una forma de comunicación que dejamos a un lado hace muchos años y nos urge retomar: La comunicación no verbal.

Pero no puedo hacerlo solo. A lo largo de los años he contado con iniciados procedentes de todas las áreas del conocimiento; de las carreras y profesiones más variadas que puedas imaginarte para unirse a esta cruzada.

Una cruzada urgente, en la que faltas tú.

Una misión que comienza con simple curiosidad hacia el lenguaje corporal, hasta el momento en el que te das cuenta de lo necesario que es en la actualidad.

Por eso te ofrezco ser parte de mi programa ‘Lenguaje Corporal en 40 Días’ donde obtienes la certificación para impartir nuestros cursos y otorgar certificaciones a tus participantes en nombre del Knesix Institute.

Puedes ver toda la información del programa en este enlace:

http://lenguajecorporal40dias.com

No dejes pasar la oportunidad de pertenecer a nuestro círculo; te estaré esperando en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas
Director – Knesix Institute