Hay una frase muy popular que dice que «el diablo está en los detalles» y la comprendí cuando pedí ayuda para escribir historias que fueran poderosas. Muchas veces, tengo tanto por decir que termino por no decir mucho y luego debo usar tiempo para explicar cada línea en un interminable juego que no es lo que conviene. Yo deseo darles un mensaje acerca de la importancia de las cosas pequeñas, esas que casi no se ven pero cuando suceden, estallan como un trueno.

Es como cuando te subes al carro y recuerdas que no le diste un beso de despedida a tu madre pero llevas prisa y piensas que la besaras por la noche antes de merendar y al medio día te llaman del hospital y te dan una terrible noticia.

Nos pasa de una u otra forma, no solo con las cuestiones del amor.

Una tarea que entregamos sabiendo que no es la mejor o un cambio en la receta que le da al traste al sabor y a la velada, por cambiar un ingrediente al que no prestamos atención.

Detalles que pueden transformar una vida y que a veces descuidamos por estar saturados de pasado y de futuro, de recuerdos y de expectativas.

Me han dicho por ahí, los que creen en ellos, que a veces, aburridos, los fantasmas nos distraen escondiéndonos cosas pequeñas, como el llavero o los anteojos y se divierten viéndonos deshacer el armario sin éxito para irlos a encontrar en la despensa o incluso en el refrigerador. Casi siempre son cosas pequeñas, detalles.

Nos llenamos de tanta actividad que vamos por la vida olvidando pequeñas acciones que pueden hacer la diferencia entre un día estupendo y uno terrible para cada uno de nosotros o para las personas con las que nos relacionamos.

De eso quiero hablarles.

¿Por qué le pone el cocinero una ramita de perejil al plato del desayuno si no es para comerlo?, para mí es un mensaje de amor, él desea que el plato se vea bonito y te alegre el momento. Es su manera de decirte que aun sin conocerte, piensa en ti y en que estés bien. El plato cuesta lo mismo sin la ramita que con ella, pero el valor que le damos a ese detalle, lo cambia todo.

Los detalles tienen una gran energía pues pueden cambiar los estados de ánimo, por eso los eligen los fantasmas para divertirse y seguro porque es más fácil esconder un celular que un automóvil.

No hace mucho llegue acalorado y de mal humor a un restaurante, el tráfico estaba terrible. La persona que me recibió me acerco un precioso vaso de cristal con agua y una rebanada de limón verde nadando entre dos cubitos de hielo. Observé el espectáculo y mi estado de ánimo se calmó enseguida. Cuando lo probé, me supo a gloria.

Vamos entonces a conversar un poco de cómo los detalles se relacionan con la calidad del servicio y cómo impactan en la satisfacción del cliente.

Jesús Cerda-López

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