La exquisita cárcel de tres estrellas Michelin:

Mi película favorita de Pixar es Ratatouille.

Una historia refrescante con un desarrollo de personajes impecable y una puesta en escena genial.

Pero no fue sino hasta hace poco que supe que el ‘Chef Gusteau’, fantasma jedi y fundador del restaurante protagonista, estaba inspirado en un colega de la vida real:

Bernard Loiseau.

Loiseau logró ganar tres estrellas Michelin para su restaurant La Côte d’Or en 1991, gracias a su frenética y estricta ética de trabajo.

Tres estrellas Michelin son el máximo reconocimiento en el arte culinario.

Pero más allá del reconocimiento, está la responsabilidad: La responsabilidad de ser absolutamente perfecto en cada plato, cada mesa, cada día, día tras día.

Personalidades de esta industria como Anthony Bourdain, afirman que las estrellas Michelin son prácticamente un yugo. Una cárcel. Los chefs se paralizan. Dejan de innovar. Dejan de cambiar el menú.

Solo se concentran en hacerlo perfecto, repitiéndolo, día tras día.

¿Te imaginas hacer exactamente lo mismo, a un nivel de perfección obsesiva, todos los días durante meses?

Bon Jovi dijo una vez: “La gente no se imagina lo que es tocar las mismas canciones, siempre con el mismo entusiasmo, con la misma energía, 250 noches al año”.

¿Tú serías capaz?

En 2003, Loiseau estaba al borde del colapso. Desde hace un año rodaba el rumor de que una de sus codiciadas estrellas peligraba. Afirmaba a todos que si eso pasaba, sería su ruina.

“Soy capaz de matarme”, decía muy serio.

La Côte d’Or estaba ubicada a dos horas y media de París, y tener las tres estrellas era lo único que garantizaba un flujo continuo de clientes. La gente solo haría ese viaje para degustar lo mejor de lo mejor.

Lamentablemente, el desenlace fue trágico. Tantos años de mantener esa perfección, como los rumores cada vez más fuertes, lo llevaron al suicidio ese mismo año.

La Côte d’Or sí perdió una estrella: perdió a Bernard Loiseau. En cuanto a las estrellas Michelin, mantuvo su estatus máximo durante más de una década, hasta 2016.

Ya ves lo peligroso de creer que no puedes avanzar.

Que no puedes crecer.

La perfección es un punto muerto; un punto en el que te paralizas pues crees que alcanzaste lo mejor que puedes hacer.

En el mundo culinario son las estrellas michelin; no puedes ganar una cuarta estrella.

Ésa es la razón de la parálisis cuando se llega allí.

Por eso deja de ser emocionante; pasas de ‘tratar de mejorar’, a ‘tratar de no caer’.

Lamentablemente, no solo te paralizas cuando crees que has llegado a la soñada perfección, también te paralizas cuando estás en la estúpidamente denominada ‘zona de confort’.

No es una zona de confort. Es una zona de inseguridad.

Porque sufres un encierro por el temor a lo desconocido, a la incertidumbre.

Así que, tanto quienes llegan a la perfección como los que no han dado el primer paso, sufren la misma parálisis.

Solo te queda una opción: Mejorar constantemente.

Avanzar todos los días un poco.

Equivocarte a propósito.

Pero mejorar cada vez que puedas.

No lo olvides.

Éxito,

2018-05-29T10:55:35+00:00