Modelo Mental #1: La Navaja de Hanlon

  • La Navaja de Hanlon
Por en la categoría Modelos Mentales
compartido 59 veces

En Julio de 1945, los líderes de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, se reunieron en Potsdam y suscribieron un ultimátum a Japón, quedando a la espera de una respuesta rápida para evitar más muertes en el Pacífico.

Los términos que exponía el acuerdo advertían que de recibir una respuesta negativa, los nipones propiciarían una “Rápida y total destrucción” de su nación. Truman, Churchill, Stalin y Chiang Kai-Shek dejaron en claro que albergaban la esperanza de que Japón se rendiría incondicionalmente y así evitarían una catástrofe mayor.

Esperaban, impacientes, una respuesta.

En Tokyo, la prensa le pidió declaraciones al primer ministro Kantaro Suzuki sobre la reacción de su gobierno a la declaración de Potsdam; efectivamente los líderes japoneses se encontraban discutiendo a puerta cerrada sobre el proceso de rendición en ese momento (El mismo Suzuki presionaba por una salida pacífica al conflicto); pero como no se había llegado a una decisión formal, trató de zafarse de la pregunta afirmando que “Se reservaba los comentarios”.

Kantaro Suzuki.

El problema fue que usó la palabra mokusatsu, derivada de la palabra ‘silencio’; como muchas otras palabras en diversos idiomas, ésta tiene más de un significado, entre los que se cuentan: “No tomar en cuenta”, “Ignorar en silencio” y mi favorita, “Tratar (algo) con desprecio silencioso”.

No es de extrañar que gracias a la reputación de Japón hasta ese momento, las agencias de noticias internacionales asumieran que su gobierno simplemente desestimaba el ultimátum. Lo que en realidad había ocurrido era una pésima traducción de una sola palabra.

Los oficiales estadounidenses, indignados por el tono de Suzuki y viéndolo como otro ejemplo del espíritu Banzai japonés, decidieron proceder con una medida que cambiaría el curso de la historia.

En menos de 10 días, detonaron una bomba atómica en la ciudad de Hiroshima.

 

Cuando las cosas salen mal (y no es por lo primero que pensamos)

El caso histórico de Kantaro Suzuki es un claro ejemplo de creer que la gente obra de mala fe, cuando en realidad el error fue la incompetencia (en este caso, de un traductor cuyo nombre se borró en el tiempo).

Si lo llevamos a una dimensión personal, todos tenemos una tendencia a asumir que cuando algo sale mal, la razón es algún tipo de conspiración en contra nuestra. ¿Un compañero de trabajo no te dio el reporte a tiempo? Debe estar envidioso de tu rendimiento y quiere evitar que te asciendan. ¿Tu sobrino te llena el pantalón de ketchup? seguramente no le prestan atención en su casa y quiere molestarte. ¿No tienen galletas en la cafetería? seguramente es una estratagema de los empleados para que compres un trozo de pastel.

Pero la realidad es que estas explicaciones que formulamos, raramente son verdaderas. Quizá tu colega pensó que la fecha límite era mañana; tu sobrino no midió su fuerza con el bote de ketchup, y ese día no hicieron suficientes galletas por un error de planificación.

Aquí es donde entra en juego el Principio de Hanlon, también conocido como Navaja de Hanlon. Usaré este último término pues tengo la certeza que se fijará más fácilmente en tu memoria.

 

La Navaja de Hanlon

La Navaja de Hanlon es un modelo mental muy útil que puede resumirse así:

“Nunca atribuyas a la malicia lo que puede ser adecuadamente explicado por descuido.”

Al igual que la Navaja de Occam, esta heurística es una herramienta útil para tomar decisiones rápidamente y para una mejor interpretación de lo que ocurre a nuestro alrededor. La frase fue acuñada por Robert J. Hanlon en una recopilación sobre La Ley de Murphy en 1980, pero ha sido parafraseada por personajes como Napoleón Bonaparte y Goethe desde el siglo XVIII.

Aplicar la Navaja de Hanlon en nuestra vida diaria, nos permite desarrollar mejores relaciones, ser menos críticos y estimula nuestro lado racional. Este modelo mental nos permite darle a la gente el beneficio de la duda y ser más empáticos. De allí su utilidad en nuestras relaciones y asuntos de negocios.

Es un hecho que la mayoría de nosotros pasamos gran parte del día comunicándonos con los demás y tomando decisiones en función a esas interacciones. Todos llevamos vidas complejas donde (como afirma la Ley de Murphy), las cosas simplemente pueden salir mal. Cuando esto ocurre, una respuesta común es echarle la culpa a la persona más cercana y asumir que tiene malas intenciones.

¿Podrían haberse evitado las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, de haber hecho una pausa y asegurarse del mensaje del líder japonés?

La gente no pierde tiempo al acusar a sus jefes, empleados de la cafetería y hasta sus amigos o familiares de sus propias desventuras. Cuando alguien cercano a nosotros comete un error, olvidamos cuántas veces nosotros también la hemos embarrado. Olvidamos cuando tropezamos a un extraño en la calle, llegamos tarde a una reunión o dejamos de cumplir un acuerdo.

¿Cómo combinarla con otros modelos mentales?

La Navaja de Hanlon funciona mejor cuando se combina y contrasta con otros modelos mentales en nuestra red de conocimiento. Algunos ejemplos que pueden serte útiles:

  • La Heurística de Disponibilidad: este modelo mental revela nuestra incompetencia al juzgar la frecuencia de eventos recientes; esto ocurre si son vívidos o nos provocaron una respuesta emocional, provocando que muchas personas mantengan un récord de los errores de los demás. Por ejemplo, imagina que vas en taxi y el chofer dobla en la esquina incorrecta, provocando que el servicio termine siendo más costoso. Un mes después, te ocurre lo mismo con otro taxista. Al recordar cómo te sentiste en ambas situaciones (Aunque hayas tomado una decena de taxis más en los últimos meses), puedes asumir que todos los taxistas son maliciosos.
  • Sesgo de Confirmación: Tenemos la tendencia de buscar información que confirme creencias preexistentes. Por eso, si tememos que la mayoría de las personas son maliciosas, muy probablemente trataremos de confirmarlo siempre que sea posible. En el caso de los taxistas, puede que ningún otro haya tomado un camino errado, pero incluiremos en la lista al que andaba de mal humor o al que se equivocó al darnos el cambio.
  • Sesgo de desprecio: Mientras peor nos cae alguien, somos más propensos a atribuir sus acciones a la maldad; la empatía y una cabeza fría es generalmente nuestra última respuesta cuando interactuamos con estas personas. Es de suma importancia hacer una pausa y preguntarnos racionalmente: ¿Gana algo esta persona con hacerme daño? ¿Qué puedo hacer para evitar que esta situación se repita?

 

Obvias limitaciones

Como todo modelo mental, la Navaja de Hanlon tiene sus limitaciones y su validez ha sido puesta a prueba. Algunos críticos consideran que plantea una perspectiva excesivamente ingenua que puede cegarnos ante la verdadera maldad. Quizá de allí surja el complemento llamado “Navaja de Heinlein”: Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por descuido… pero no dejes de considerar la maldad.

El propósito de este modelo mental no es acabar con nuestras consideraciones de malicia en el mundo; las malas intenciones siempre existirán y debemos estar atentos a sus señales. Lo que buscamos al adaptar este modelo a nuestro catálogo de pensamiento es evitar que nuestra parte emocional e impulsiva emita juicios incorrectos sobre los fenómenos que nos afectan.

¿Quieres aprender cómo implementar estos modelos mentales en tu vida personal y profesional? Tengo un espacio de discusión que te puede interesar, bajo un formato de membresía privada: http://bit.ly/KnesixGroup

Si tienes un ejemplo que quieras compartir con nosotros, no dejes de plasmarlo en los comentarios:

2017-12-01T13:37:13+00:00

Sobre el Autor:

Jesús Enrique Rosas

Director Ejecutivo de La Universidad Corporativa – Fundación Lenguaje Corporal. Escritor, conferencista e investigador, actualmente en Madrid. Autor del libro “Lenguaje Corporal en 40 Días”. Contáctale en nuestra Red.