La comunicación es un concepto tan amplio como el Universo mismo, de ahí mismo que todo está conectado. Desde edad muy temprana, hasta me atrevo a decir que mucho antes de mi concepción,  mis padres “trabajaban con la comunicación”; ¿a qué hago mención con esto? A que mi papá era Locutor Nacional y Profesor Universitario de Locución y Periodismo, y mi mamá, la productora.

Dicho esto, es algo normal para mí, escuchar a mi papá en una radio, en algún programa de televisión o en publicidades de ciertos productos o servicios  (pese a estar fallecido hace 4 años).

Me resultaba muy curioso, tratar de leer entre líneas acerca del mensaje que ciertos personajes transmitían en sus discursos, recuerdo en un Festival de la Familia, celebrado en mi ciudad natal de Córdoba, donde un artista de renombre nacional (el cual éramos muy cercanos con su familia) embellecía sus palabras y hasta incluso “lloraba de emoción” al hablar del amor a su esposa a sus hijos… pero aquellos que lo conocíamos realmente, sabíamos que era solo un discurso, algo que él no creía ni que profesaba; debido a su cantidad destacada de amantes y el poco cariño a sus hijos.

Estas cuestiones despertaron en mí, esa necesidad de “desenmascarar” o de aprender a leer entre líneas, lo que no se quiere demostrar… sobre todo por que ocasionaban malestares en mi, o como decimos en mi país, “me hace ruido” dando la sensación de que algo está mal.

Expuesto esto, y sin una tutoría o ayuda  correspondiente, comencé un proceso de búsqueda acerca de la interpretación de estos “ruidos” mencionados anteriormente. Pero esta búsqueda se hacía cada vez más difícil, ¡porque no sabía dónde buscar!… leía psicología general, comportamiento humano, hasta incluso ejemplos de lecturas en frío de algún que otro blogger con vocación de cirquero. La frase mágica apareció mientras escuchaba un radio teatro sobre el mítico y formidable Sherlock Holmes en su 7ma aventura junto a John Watson, “el carbunclo Azul”. Dónde este sabueso detective, luego de interrogar a Ryder le comenta a Watson, que fue incriminado por su Lenguaje Corporal.

Gracias a las herramientas que podemos encontrar en internet, me sumergí en un maravilloso Mundo de autores, libros, hasta páginas (dicho sea de paso, así conocí las exquisitas publicaciones de Jesús Enrique Rosas). Así que comencé mis lecturas de autores como Paul Ekman, Ray Birdwishtell, Allan Pease, Joe Navarro, Judi James, entre otros. Fue así como prácticamente ¡mi vista volvió a nacer! Me enfocaba en los ojos, las manos,  gestos, expresiones faciales… hasta caía en el error de no prestar atención a las palabras. Situación que luego corregí.

Un hecho puntual para destacar, es que trataba de transmitir esto entre mis amistades, pero primeramente no me creían, hasta que fuimos descubriendo este Nuevo Mundo con algunas situaciones que captaron su atención. Recuerdo que luego de muchísimo sacrificio, estaba en condiciones de comprar mi 1er auto usado… junto a mi mecánico recorrimos muchas concesionarias, recortábamos avisos del diario y luego íbamos a ver los vehículos pero ninguno me convencía. Un sábado por la mañana, fuimos a ver un Honda Accord 97, un coche grande y cómodo. El vendedor, no dejaba de completar papeles y formularios y cuando le preguntaba por el auto, me contestaba sin mirarme, sin siquiera despegar la cabeza de sus informes, y siempre contestando “está bien” cuando le mencionaba ciertas partes del automóvil (situación que no me agrado en lo absoluto)… hasta que le pregunte por la caja de cambios, la cual era automática; en ese momento el vendedor dejó de escribir, me miró a los ojos y respondió con su frase de siempre “está bien, funciona”. Motivo por el cual le dije a mi mecánico que revise solamente la caja de cambios, a lo que él, sorprendido me dice, la caja es lo último en romperse, es preferible mirar el turbo, el intercooler (y otras partes mecánicas)… pero insistí en revisar solamente la caja, a lo que de mala gana acepto. Para sorpresa de él, la caja se encontraba partida y pegada con un simple pegamento.

El asombro de mi amigo el mecánico no terminó ahí, sino que me preguntaba a cada rato, como supe que la caja se encontraba rota, y parafraseando a mi tan querido Sherlock, le contesté: “Fue incriminado por su Lenguaje Corporal”  

 

Matías Garaguso Martínez.

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