Él se cansó de hacer las cosas para “Darse a conocer”

Te presento a Juan Antonio.

Es emprendedor. Independiente. Freelancer. Como quieras llamarlo.

Es así desde el momento en el que decidió tomar las riendas de su tiempo y dejar de trabajar en un sitio en el que sencillamente, no le valoraban ni como persona ni como profesional.

Podría haber buscado trabajo en otro sitio, pero decidió probar un tiempo por su cuenta.

Cuando le comentó a su círculo de confianza los planes que tenía en mente, recibió la misma sugerencia, más o menos expresada distinto por cada quien:

– “Deberías hacer tus primeros trabajos gratis para darte a conocer”,

– “Deberías ofrecer conferencias sin cobrar, para hacer contactos”

– “Deberías hacer este o aquel trabajo ad honorem, para que te conozcan”.

Sonaba bien al principio y era hasta lógico. En vez de invertir en publicidad o marketing, era mejor demostrar su talento pues esa sería la mejor manera de convencer.

Así que Juan Antonio decidió dedicar la mitad de su tiempo a ‘darse a conocer’.

Así logró hacer muchas conexiones; daba charlas en diversas empresas todos los días, ofrecía gratis su primera sesión de consultoría y respondía emails hasta bien entrada la madrugada.

Logró lo que se había propuesto; darse a conocer. Lo que le habían sugerido, en pocas palabras. En seis meses no solo tenía sólidas conexiones locales, sino en varias ciudades de su país e incluso, un par en países vecinos.

Todo muy bien, solo por un detalle: No tenía clientes.

O exagero; sí tenía clientes, pero realmente esporádicos.

Literalmente no le alcanzaba para vivir.

No entendía; en todos los lugares en donde daba conferencias, las personas quedaban encantadas. A todos a quienes les ofrecía la primera sesión de consultoría gratis, quedaban fascinados; y la cantidad de mensajes de agradecimiento vía email, era interminable.

Pero no contrataban sus servicios.

Y tenía las cuentas atrasadas desde hace cuatro meses.

Algo andaba bien.

Y no era con sus clientes potenciales, quienes una y otra vez le reiteraban que era excelente (Pero seguían siendo eso, potenciales),

No era con el mercado, pues la competencia tampoco era como para preocuparse demasiado,

No era con su ética de trabajo.

¿Quieres saber cuál era su problema?

Era el objetivo.

Juan Antonio se esforzó a tope para ‘darse a conocer’.

Y efectivamente, lo logró.

¿No es así?

A veces dicen, ‘Ten cuidado con lo que deseas pues se te puede cumplir’.

(Levante la mano a quien le ha pasado).

Lamentablemente, Juan Antonio tuvo que llegar hasta unos cuantos centímetros de estar totalmente desesperado, para poder darse cuenta de su situación.

‘Darse a conocer’ era el objetivo incorrecto.

Por eso todos sus esfuerzos se dirigían a un objetivo que al alcanzarlo, no le daba más frutos.

¿Y si cambiaba su objetivo?

Sacó una libreta y se puso a escribir frenéticamente, frase tras frase, vaciando ideas aparentemente absurdas, unas malas, otras peores… hasta que se detuvo apenas escribir ésta:

‘Despertar el interés por sus servicios’

Eso era otra cosa.

La sugerencia original podría haber sido: “Deberías ofrecer tus servicios gratis al principio, para despertar el interés por lo que haces”.

Quizás eso le habría ayudado; pero lamentablemente, era muy tarde. No recordaba ninguna otra empresa ‘nueva’ donde tocar la puerta.

Pero gracias a exprimirse los jugos mentales para buscar una solución, se le ocurrió un complemento: Quedar con las cinco empresas con las que había tenido mejor química.

No sabía exactamente para qué; solo tenía una corazonada.

Las palabras ‘Despertar el interés’, le palpitaban en las sienes. Apenas pudo dormir esa noche.

Durante la semana siguiente visitó a las cinco empresas con las que había quedado; no iba a dar charlas gratuitas, ni a ofrecer su tiempo a cambio de nada.

En realidad, iba a conversar.

No sabía sobre qué; solo pensaba en la frase ‘Despertar el interés’.

Con la primera y la segunda, no pasó gran cosa; pero Juan Antonio no se desanimó.

A la tercera (como en el refrán), lo logró.

Logró despertar el interés.

El interés en una próxima reunión, con la junta directiva.

Una reunión en la que le aprobarían un proyecto que le daría una bocanada de aire a sus finanzas y a su autoestima.

Desde entonces, él mismo da esa recomendación: Despierta el interés por lo que haces.

No regales tu trabajo. No es necesario.

Porque lo que quieres, en última instancia, es esa chispa de emoción que le contagias a los demás sobre lo que haces.

Y no necesariamente tienes que demostrárselo.

Es como una pizzería: Pasamos enfrente de una, y nos atrae el aroma a pepperoni, los colores, la música, la gente.

Nos despierta el hambre. El interés.

A eso es lo que debes apuntar.

¿Sabes cuál es la mejor forma de despertar el interés de los demás en lo que haces?

El Método Knesix™.

Con él, descubres lo que la gente realmente quiere, y le presentas tu solución accediendo directo a sus emociones.

Logran ver que ambos comparten una misión.

Y así, lograr cosas geniales.

No puedo hacer demasiado énfasis en la importancia crítica que tiene la comunicación para tu éxito profesional; por eso quiero ser parte de ella.

No tienes que buscar más, pues aquí está lo que necesitas:https://knesix.institute/convencer-metodo-knesix/

Alcancemos juntos el éxito,

Jesús.

2018-06-06T19:25:12+00:00