Hanna Arendt esperaba pacientemente sentada al frente de la sala del juzgado. Corría el año de 1961.

En minutos entraría Adolf Eichmann, ex oficial del Tercer Reich acusado de ser uno de los autores intelectuales del Holocausto y quien había sido capturado por el Mossad en Argentina. La razón principal por la que ella se encontraba allí era tratar de entender qué llevaba a una persona a cometer actos tan inhumanos.

Estaba tomando algunos apuntes cuando el acusado entró escoltado.

Por un instante, Hannah no comprendió muy bien a quién veía.

(Para que tengas una idea, el hombre podría haber pasado perfectamente por hermano de Woody Allen)

En su mente, se había formado la imagen de un hombre de mirada fría, casi perversa, que miraría de soslayo y tendría una perpetua mueca de desprecio y arrogancia.

En vez de eso, lo que vio fue a un hombre… excesivamente común y hasta taciturno.

Arendt escribiría después en su libro «Eichmannn en Jerusalén», que el oficial que había participado en el plan de borrar a cinco millones de personas, podría haberse confundido tranquilamente en la multitud como un hombre más.

Eichmann no negó ni el Holocausto ni su participación en él, pero afirmó que ‘Solo seguía órdenes de sus superiores’.

Fue declarado culpable de crímenes contra la humanidad y ejecutado poco después.

——

Esa experiencia de la filósofa Hannah Arendt me recuerda todas las veces que mi mente intenta clasificar a una persona por la primera impresión que tengo de ella.

Seguramente te pasa igual: ves a alguien y tu intención te dice que ‘algo’ no anda bien.

Nuestra intuición es muy buena para reaccionar rápido, pero como dice Daniel Kahneman, también tenemos que tomar en cuenta nuestro razonamiento ‘lento’.

En cualquier caso, si tratamos de leer el lenguaje corporal de alguien teniendo como base nuestra primera impresión de ellos, lo más importante es que nuestras conclusiones estén sesgadas.

Ahora bien, ¿Cómo puedes hacer para ‘vaciar’ tu mente de prejuicios?

Si la idea es que puedas apreciar las acciones de otros de forma neutral, entonces es importante equilibrar los juicios que naturalmente realizas sobre la otra persona.

Yo lo enseño como un péndulo; éste no debería ir ni a un extremo, ni al otro; ni que confiemos ciegamente en la persona, ni que la juzguemos a priori.

En mis consultas, es una de las primeras dificultades que mis asesorados superan: superar los prejuicios y presunciones naturales que tenemos cuando vemos a alguien por primera vez, o cuando detectamos cierta actitud en su lenguaje corporal.

Leer el lenguaje corporal por sí solo es apenas la mitad de la historia.

Vaciar tu mente a voluntad es una de las destrezas que te enseño en la Certificación en Lenguaje Corporal y Persuasión:

https://knesix.institute/lenguaje-corporal-persuasion-negocios/

Te invito a dar tu primer paso a una comunicación más profunda.

Estaré en el campus virtual para comenzar tu entrenamiento,

Jesús Enrique Rosas
Director, Knesix Institute

Suscríbete a nuestras lecciones diarias y descarga nuestro ebook: "100+ tips de Comunicación No Verbal":