El martirio de venderle cuadros horribles a gente estúpida:

La tienda de arte estaba particularmente tranquila aquella tarde de Octubre.

El ambiente templado que gozaba Londres en ese mes permitía mantener los ventanales abiertos, lo que le daba amplitud al local. El señor Obach estaba en un rincón ajustando unas cuentas, mientras que Vincent garabateaba en una libreta, sentado al fondo de la tienda.

En ese momento sonó la campanilla de la puerta.

En ella apareció una señora ataviada con un exagerado cuello de encaje, un grueso abrigo de piel y un sombrero de plumas que se doblaron la pasar por el dintel.

De inmediato, Vincent se puso de pie forzando una sonrisa.

– Buenas tardes Madam, ¿En qué podemos servirle?

El tono de voz contrastaba con su cuerpo aún tenso.

– Busco las mejores obras que tengan aquí. No se preocupe por lo que cueste; éstas son las dimensiones de las estancias. Dos paredes de quince metros en el comedor, y en la sala…

La actitud del vendedor cambió casi instantáneamente, al darse cuenta que se trataba de quizá la mejor cliente que podía haber atendido desde que trabajaba allí.

Pero la emoción no le duró mucho.

Durante horas estuvo tratando de convencerla de llevarse exquisitos grabados de Rembrandt, una reproducción de Turner y obras de Corot y Daubigny.

Literalmente, lo mejor que tenían en la tienda.

Pero la señora demostraba un pésimo gusto y no solo desechaba todo lo que le ofrecía el muchacho, sino que escogía las obras más corrientes y menos… artísticas.

Finalmente, la señora demostró su satisfacción.

– ¡Creo que he hecho una magnífica elección…! ¿No le parece?

Pero el joven no pudo mantener la discreción.

– Señora, si usted hubiese elegido con los ojos cerrados… ¡No habría elegido PEOR de lo que se lleva!

El señor Obach, en el otro extremo, se puso blanco.

– ¡Usted… usted no es más que un burdo campesino! – dijo ella, visiblemente indignada, antes de salir tirando la puerta.

Obach saltó de su rincón.

– Pero Vincent, ¿Qué has hecho? ¡Has arruinado la mejor venta de la semana e insultado a esa mujer!

El otro ni se inmutó.

– Señor Obach, ¿Puede contestarme una pregunta?

– Por supuesto. ¡Yo mismo quiero hacerte unas cuantas!

Vincent hizo una pausa antes de continuar:

– ¿Cómo puede justificarse un hombre que pierde su única vida vendiendo cuatros horribles a gente estúpida? ¿Cómo es posible ganar tanto dinero vendiendo cosas tan feas, señor Obach? ¿Y por qué solo la gente que no tiene el más mínimo gusto son los que tienen dinero para comprar?

Obach le hizo un gesto para hacerle entender que esa realidad no podría importarle menos. Le amenazó con llamar al dueño y que lo enviaran a otra tienda; si permanecía allí, arruinaría el negocio.

Mejor que se tomara el resto de la tarde libre para enfriarse la cabeza.

Cuando Vincent regresó a su departamento, tomó un libro de Ernest Renan que mantenía en su mesa de noche.

Estaba marcado en una página muy precisa que rezaba:

“Para obrar de acuerdo a este mundo, hay que morir dentro de uno mismo.”

En otras palabras, callarse y aceptar amargamente lo vulgar y común que le rodeaba.

Pero el volumen también exponía que estamos aquí para realizar grandes cosas para la humanidad. Para sobreponernos a esa vulgaridad que nos rodea y que permea prácticamente toda nuestra existencia.

Vincent Van Gogh aprendería ese día que aunque el trabajo de vendedor en una galería de arte le había sido muy lucrativo, por dentro y con solo veinte años ya estaba harto.

Sentía que había algo más.

Pasarían todavía siete años más para que comenzase a pintar, pero la semilla ya había sido sembrada.

Puede que te haya pasado una situación similar en algún momento.

Hiciste tu mejor esfuerzo, presentaste tu obra más exquisita hasta ese momento y la rechazaron escogiendo algo de menor categoría.

Puede que haya sido en tu trabajo, en un proyecto o en la universidad.

Pero sabes cómo se siente.

Como si todo el mundo a tu alrededor fuese común, vulgar, ignorante. Y eso te desespera.

¿Sabes qué es lo bueno? es una señal de que tú quieres dar un paso adelante.

Quieres levantarte sobre lo común; sobre lo que hacen todos.

Quieres ir más allá.

Debo advertirte: puede ser un camino muy solitario.

(Yo estoy dispuesto a acompañarte, si me lo permites).

Lo bueno es que así como nosotros, hay muchas personas en el mundo que también quieren dar este paso.

Así que tan, tan solos no estamos.

Y así podemos inspirar a muchos que todavía están sumidos en el sopor de lo común. De vidas grises, de años sin propósito.

Por eso te ofrezco unirte a nuestro grupo de conferencistas.

Da el paso. Cambiemos al mundo.

Más información en: http://lenguajecorporal40dias.com

Empecemos hoy,

Jesús Enrique Rosas
Director – Knesix Institute.

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Sí, quiero desarrollar mis habilidades en lenguaje corporal y persuasión a través de emails diarios, así como promociones sobre cursos del tema.

2018-12-20T17:49:41+00:00