«Jesús, esta persona me atrae y no sé cómo comportarme cuando está cerca. Siento como si mi cuerpo no me obedeciera».

Gran pregunta; parafraseada, me la hacen cada cierto tiempo.

(Quizá tú estás pensando la última vez que estuviste en una situación así).

Para responderla, te cuento una experiencia que tuve esta mañana cuando salí a trotar.

Generalmente no salgo a esas horas pero con el otoño, el sol se hace un poco más benévolo. Recorro un camino natural de tierra y piedras pequeñas, y esta vez decidí ir en la dirección contraria, de cara al amanecer.

En pleno recorrido, pillé con el rabillo del ojo unas misteriosas líneas brillantes en el piso.

Al principio pensé que eran grietas en los cristales de los lentes de sol que me han acompañado por años; pero no, eran líneas de seda, prácticamente invisibles, transversales por todo el camino.

Quizá nunca las había visto antes pues nunca había caminado por allí a esa hora y en ese sentido; el sol rebotaba en ellas en el ángulo justo como para ser vistas.

Pero estamos hablando de un camino de más de un kilómetro… y toda su extensión estaba totalmente cubierto de estas líneas cada 30 centímetros, más o menos.

Al acercarme y tocarlas, me di cuenta de que se trataban de sedosas líneas de tela de araña. Así que, por alguna extraña razón (¡Y no por Halloween!), miles de arañas salían en la noche y cubrían, pacientemente, todo el camino con líneas individuales.

¿Por qué lo harían? ni idea.

 

Pero recordé que exactamente así funciona la seducción.

 

Uno de los mitos de este arte es que existe una especie de ‘fórmula’ con la que puedes acercarte a alguien, moverte de cierta manera, decir una o dos palabras mágicas y Zas! caen a tus pies como por hipnosis.

Pero eso es un timo, un fraude.

No funciona así.

(Así que para empezar, no te amargues porque no conoces la ‘fórmula mágica’, porque no existe).

Cuando te gusta alguien, el primer paso de la seducción es hacerte familiar.

(¡Pero no me refiero a invitarles a una parrilla con tu familia!)

Me refiero a que debes ‘aparecer’ con cierta frecuencia en su radar.

Lo suficiente como para que te mantengan en su registro subconsciente.

Por eso, la analogía con las sutiles telas de araña: no es una sola, localizada, ‘mágica’, la que te permitirá seducir.

Son varias, con cierta repetición, que te ‘mantengan’ en la mente de esa persona.

Es uno de los principios de la publicidad.

 

Después de ese primer paso, de la familiaridad, el siguiente es hacer que se sientan bien en tu presencia.

 

Repito, porque esto es importante: en la seducción, es imprescindible que la otra persona se sienta bien cuando está contigo.

¿Sabes qué es lo que pasa con *demasiada frecuencia*?

Que tú sientes nervios y eso se refleja en tu lenguaje corporal.

¿Cómo crees que expresas ‘nervios’ con tu cuerpo?

Exacto.

Con incomodidad e inseguridad.

Te he mencionado antes las ‘neuronas espejo’, que hacen que los demás sientan lo que tú sientes (y les transmites con tu cuerpo).

Así que en vez de sentirse bien, se van a sentir incómodos contigo.

 

(Solo porque tú lo estás proyectando).

 

Pero, no te preocupes: solo tienes que desarrollar tu vocabulario no verbal. El vocabulario de tu cuerpo.

Es exactamente igual a como has desarrollado tu lenguaje verbal y escoges las palabras para expresarte correctamente.

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Yo estaré para guiarte.

Te deseo el mayor de los éxitos,

Jesús Enrique Rosas – Puedo escribir una gran historia cuando leo tu lenguaje corporal.

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