El día en el que una sola palabra cambió al mundo:

Günter Schabowski pensaba que era bueno manejando conferencias de prensa.

El 9 de noviembre de 1989 estaba dando una en nombre del Politburó, al pie del muro de Berlín. Una como muchas otras, acompañado de algunos de sus colegas y ante una audiencia de periodistas extranjeros.

No acostumbraba llevar apuntes, pero precisamente el día anterior se había perdido una reunión del partido en la que habían discutido cierta flexibilidad de viaje entre las dos Alemanias. Con respecto a ese tema, había recibido una pequeña lista de cuatro ítems, el último marcado con una gruesa flecha roja.

Günter solo le dio un vistazo y lo guardó en su maletín justo antes de comenzar.

La conferencia de prensa que buscaba apaciguar los ánimos tras semanas de protestas, transcurrió como siempre: terriblemente aburrida. Pero poco antes de terminar, uno de los periodistas disparó la pregunta:

“¿Qué novedades hay sobre la libertad de tránsito?”

El político se descompuso. Ése era el tema que tocaba la lista. Pero en su memoria, los puntos anotados eran absolutamente incomprensibles. Comenzó a sudar frío.

“Hemos decidido hoy… uh… implementar una regulación que le permita a todo ciudadano de la República Democrática Alemana… uhm… salir de Alemania del Este a través de cualquiera de los puestos de control”

La siguiente pregunta era obligada. “¿Cuándo?”

Se rascó la cabeza, buscó entre sus papeles, resopló frustrado. Tenía que decir algo.

“Uh… Inmediatamente.”

Eso era exactamente lo que le advertía aquella flecha roja. Aunque el decreto entraba en vigencia al día siguiente, el proceso burocrático para solicitar el permiso, haciendo la cola en la oficina respectiva, esperar a que te estamparan la visa… todo era dolorosamente lento, como todo lo que ocurría en Alemania del Este.

Pero no hubo ninguna aclaratoria. el “Inmediatamente” se tomó al pie de la letra. Decenas de reporteros salieron corriendo del sitio, y en pocas horas el muro era golpeado alegremente por miles figuras eufóricas por la emoción y el vodka.

El resto es historia.

Imagina ahora, las consecuencias de una sola palabra, mal interpretada.

¿Eres capaz de comprometerte así con lo que dices de forma improvisada?

Por eso es que para persuadir con naturalidad, tienes que practicar muchas veces… hasta que te salga natural.

Cuando persuades, no puedes dejar nada al azar. Te estás jugando no solo el cliente potencial, sino también tu reputación.

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Empecemos hoy,

2018-05-21T16:41:03+00:00