Frank y David estaban sentados frente a frente.

A su alrededor, el decorado contemporáneo de la suite de un hotel sin nombre.

A pesar de que la disposición de ambos sugería una confrontación, hablaban jovialmente. Entre los dos se interponía una minúscula mesa con una grabadora encendida. El periodista estaba inclinado hacia adelante, con las piernas ligeramente separadas; el músico, recostado del apoyabrazos del inmenso sofá que acentuaba lo menudo de su figura.

En ese momento contaba la anécdota de la primera carta que recibió de una fan en…

Alguien tocó la puerta, justo antes de abrirla.

Era Michael, el jefe de prensa del músico.

– Siento interrumpir, chicos… recuerden que solo tenemos 45 minutos para la entrevista, y faltan 5… luego tenemos que salir de inmediato.

Frank miró su reloj. De hecho, restaban solo cuatro minutos.

En ese momento sintió la mano del músico en su hombro, inclinado hacia él mientras se dirigía a Michael.

– Oye, Mike… estamos pasándola genial y se nos ha pasado el tiempo volando. Seguro que podemos tomarnos 15 minutos más, ¿Verdad? ¿No hay problema?

Michael resopló, pero al final aceptó a regañadientes; cerró la puerta tras de sí.

David volvió a reclinarse en en sofá, la misma sonrisa auténtica en su rostro.

– ¿Dónde nos quedamos? Ah, sí, la carta…

Años después, la revista Word entrevistó a Frank, redactando una recopilación sobre los periodistas y críticos que conocieron a aquél músico cara a cara.

Cuando Frank les comentó su experiencia entrevistándole (y en su lenguaje corporal se notaba lo bien que se había sentido), notó una sonrisa muy particular en el reportero que recogía su experiencia.

A Frank le ganó la curiosidad.

– ¿Qué te hace gracia? – El tono de la pregunta fue jovial.

– Nada, nada… se trata de esos ’15 minutos más’ que me acabas de mencionar. Me doy cuenta de que él hace eso en todas sus entrevistas… porque casi todos los periodistas con los que hemos hablado, ¡Nos han dicho que ocurrió exactamente lo mismo!

Frank soltó una carcajada y agitó la cabeza.

Recordaba que en ese momento se había sentido encantado con el carisma de aquel delgadísimo músico de temperamento inquieto y profundo magnetismo personal.

Quizá todos los que en algún momento entrevistaron a David Bowie se sintieron así.

Los ’15 minutos más’, era algo que acostumbraba hacer Bowie y estaba totalmente planeado.

Esto lo corroboraría, años más tarde, su jefe de prensa: las entrevistas siempre se planificaban sobre 60 minutos. Transcurridos 40, él debía entrar y decirle a Bowie que el tiempo estaba a punto de agotarse y éste respondía su carismática súplica del tiempo extra.

Esto tenía siempre el mismo efecto positivo en su interlocutor:

¡Este Rockstar quiere tomarse un tiempo más para que sigamos hablando!

Puedes pensar que hay algo de manipulación en este proceder, pero toma en cuenta que Bowie también se esforzaba por agradar durante toda la entrevista; hubiese sido raro que un músico con una actitud soberbia pidiese 15 minutos más.

(Dudo que a Axl Rose le sirva el mismo truco)

En todo caso, lograba lo que se proponía: quienes le entrevistaban quedaban con una muy buena imagen de él.

Se sentían agradados.

(Y por supuesto, eso se reflejaba en los artículos publicados y las críticas de sus discos).

A veces, para persuadir a los demás, no necesitas recurrir a fórmulas o frases mágicas; tener carisma no es una serie de ‘estratagemas’, aunque algunas veces puedas recurrir a tips como el del músico británico.

Pero el grueso de la persuasión no se basa en hablar, sino en escuchar.

Y escuchar con verdadera atención.

Al principio uno cree que ‘escuchar’ es un proceso sencillo: solo prestar atención a lo que te dice la otra persona.

Pero el primer obstáculo es callar nuestra propia mente.

Además, tenemos que oír cada una de sus palabras, y notar cuando alza su voz por la emoción.

También su lenguaje corporal revela su disposición o resistencia a hablar de ciertos temas; y por si eso fuese poco, siempre recomiendo visualizar el escenario completo de lo que la persona narra, con colores, sonidos, olores, sensaciones para poder ‘meterte’ dentro de lo que te dice.

Todo esto mientras mantienes el contacto visual, asientes y mantienes una actitud de atención, parafraseando lo que te dicen cada pocos minutos.

Menudo trabajo, dirás.

Y sí, escuchar «de verdad-verdad», requiere práctica.

¿El beneficio principal?

La gente va sentir que eres especial.

Verdaderamente especial. 

(Solo por el hecho de escuchar mejor que nadie)

Así que no tienes que maquillarte como Marilyn Manson para llamar la atención de la gente.

Solo tienes que escuchar mejor que todo el mundo.

Puede parecer loco, pero es una actitud increíblemente poderosa.

Pero, ¿Cómo haces para dominar todos esos aspectos al mismo tiempo, sin perder el hilo de la conversación?

Exactamente como aprendes todo lo demás: progresivamente y por partes.

De esa forma está estructurado el curso 100% online ‘Lenguaje Corporal en 40 Días’: mi método paso a paso para que aprendas a modelar tu propio lenguaje corporal, descifrar el de los demás, y así llevar tu carisma al máximo.

¿Lo mejor de todo? al cursarlo tienes la opción de certificarte para dictar nuestros cursos presenciales y otorgar nuestras certificaciones a tus participantes.

Toda la información la tienes en este enlace: http://lenguajecorporal40dias.com

Éste es tu primer paso para una comunicación más profunda.

¿Cuándo lo vas a dar?

Te espero en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas
Director – Knesix Institute

Suscríbete a nuestras lecciones diarias y descarga nuestro ebook: "100+ tips de Comunicación No Verbal":