Una lección que he aprendido (por las malas), es que cada vez que me digo a mí mismo…

«Eso es demasiado difícil»

…usualmente es la ruta a seguir.

¿El truco?

Comenzar con dos alambres.

Te explico:

Creo que un excelente ejemplo de algo endemoniadamente difícil, son esas esculturas a escala 1/6 que realizan ciertos artistas.

Por ejemplo, las de personajes de ciencia ficción.

Son, literalmente, un tributo al detalle y a la perfección; muestra de años de experiencia y práctica.

Sin embargo, absolutamente todos comenzaron su primer intento de la misma forma: Doblando dos alambres que sirvan de soporte a la estructura, aplicando encima la masa para modelarla.

No importa el personaje, ni el artista, ni los años de experiencia.

El comienzo es el mismo.

Ahora,

Pocas cosas son tan feas como dos alambres doblados, uno contra el otro.

(Y si quieres un ejemplo, busca ‘Murciélago Gigante de Filipinas’. Eso sí, no vas a dormir).

El caso es que el inicio no es agradable, ni sutil, ni hermoso.

Pero está bien.

El inicio es así.

Te confieso que cuando escribí mi primer libro, sufrí del Síndrome Del Primer Libro.

(¡Sí, me acabo de inventar el término!)

 

Pero es real. Es una angustia que atraviesa el pecho.

Quieres que salga perfecto porque típico: es una idea que llevas dándole vueltas por años.

Pero ese primer paso, ese primer proyecto, ese primer libro, son los dos alambres uno contra otro.

Por más que le pongas empeño, es muy probable que no satisfaga tus expectativas.

Otro ejemplo: de un día para otro tienes una presentación importante con un cliente crítico, y no te sientes preparado.

¿No salió del todo bien?

No importa.

Exactamente igual pasa cuando estás aprendiendo a descifrar el comportamiento humano: Por algo tienes que comenzar.

Por los dos alambres.

 

Uno de esos ‘alambres’ es escuchar.

Es normal que me pidan asesoría en lenguaje corporal, y en la entrevista exploratoria me de cuenta que la persona simplemente, no escucha.

Sencillamente no puedo hacer nada.

Va a ser un gasto de tiempo y energía para ambos.

Espero que eso no sea un problema que tú tengas.

Puede parecer extraño:

«Para poder aprender a descifrar el comportamiento humano, primero hay que saber escuchar».

Y justo después de eso, saber preguntar; ése es el segundo alambre.

¿Suena demasiado escueto?

Pues lo es.

Por eso la analogía; son el soporte para todo lo demás.

 

Descifrar el misterioso comportamiento humano, puede ser fascinante.

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Ya sabes: la próxima vez que dudes en iniciar algo… dobla tú uno de los alambres.

Yo me encargo del otro 😉

Gracias por estar aquí,

Jesús Enrique Rosas
Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal

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