Una lectora me confesó que se pone realmente nerviosa al pasar por controles migratorios.

(Por supuesto que la recomendación de ‘no te pongas nerviosa’ no sirve de nada)

Mucho mejor es… inventarle un cuento al oficial.

Esos nervios son normales.

…y son comunes a cualquier entrevista con quien ejerce algún tipo de poder.

Inmigración, una entrevista de trabajo, incluso tu jefe te puede intimidar.

Esos nervios surgen precisamente porque [ CREES ] que esa persona va a usar su cargo en tu contra.

(Cosa que generalmente no ocurre, pero tus nervios tienen vida propia).

Para serenarte, tienes que buscar una forma de ‘equilibrar’ esa percepción que tienes.

Y la manera más fácil es alterar tu propia percepción de la persona y sus circunstancias.

Ahí es donde entra en juego el ‘cuento’.

Y sí, se trata de un juego de palabras, porque lo que vas a inventar, no lo vas a decir.

Solo vas a imaginar que esta persona (En este caso, el oficial), ha tenido un día de perros.

Y producto de ese día de perros, tiene esa actitud.

Algunos ejemplos:

– La mujer lo dejó por un estríper.

– Un motociclista le hizo volar el espejo retrovisor.

– Se ganó la lotería y perdió el ticket.

– Todas las anteriores, en cualquier orden.

¡Básicamente, lo pintas como protagonista de cualquier película de Ben Stiller!

Es momento de usar tu imaginación y visualizarlo con todo detalle.

Tienes total y absoluta licencia creativa (y cruel).

Todo para ‘condicionar’ tu percepción de que cualquier actitud medianamente hostil que demuestre, como labios presionados, responder con monosílabos, evitar el contacto visual, no tienen que ver contigo.

(No es nada personal).

Simplemente ha tenido un (hipotético) mal día.

Recuerda, todo esto es para calmar tus propios nervios.

Pero el ejercicio no termina allí:

Ya ‘pintaste’ el mal día que tuvo esta persona en tu mente.

Ahora, en la vida real, compórtate como si tú tuvieses la responsabilidad de hacerle sentir un poco mejor.

Sé amable.

Al igual que muchas otras técnicas persuasivas, estás reemplazando un comportamiento por otro.

No estás ‘calmando’ tus nervios.

Eso es imposible.

Solo estás ocupando tu mente con una historia que impulse tu comportamiento en la dirección correcta.

Te guías a ti mismo.

Éste es uno de mis retos favoritos: mostrarme amable para ‘infectar’ de amabilidad al otro.

Y mientras más amargado está el otro, aprovecho de ver cómo hacer que se sienta mejor.

Algo parecido recomendaba Dale Carnegie.

Comienza por hacer este ejercicio a diario.

Recuerda que tienes total y absoluta licencia para ese ‘mal día’.

Desde llaves extraviadas hasta un apocalipsis zombi.

Da igual; lo importante es enfocar tu mente en esa actitud amable (¡Y persuasiva!).

Verás como tu carisma aumenta [ +1 ] cada vez que lo practiques.

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Deja fluir esa capacidad persuasiva.

¡Mucho éxito!

Jesús Enrique Rosas
Puedo escribir una gran historia cuando leo el lenguaje corporal.

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