«¿Quieres aprender a hipnotizar?»

Si me hubiesen hecho esa pregunta en el 2010, me hubiese reído manifestando mi desprecio abiertamente.

En ese momento, cualquier cosa que tuviese que ver con hipnosis me parecía un timo. Desde las sesiones múltiples en escenarios fastuosos, hasta dudosos videos en Youtube, tenía todas las razones para tener esa actitud.

Afortunadamente, me ganó la curiosidad y en ese momento, comencé a investigar al respecto.

(Y sí, una gran parte de lo que vemos en los medios está vulgarmente exagerado).

Sin embargo, durante esa exploración conté con la ayuda de Mark Hill en el Imperial College, quien precisamente me despertó con una pregunta:

«Jesús, ¿Alguna vez has estado conduciendo… y te das cuenta de que no recuerdas los últimos dos o tres minutos?»

Mi respuesta, obviamente, fue sí; creo que todos en algún momento nos hemos ‘desconectado’ y entrado en un trance automático. Puede ser conduciendo, o caminando, o en el caso de médicos, incluso operando.

Mi profesor sonrió.

«Ése es el trance al que quieres acceder».

En ese entonces, mi concepto de la hipnosis comenzó a transformarse de ser algo despectivo, a algo más tangible e incluso práctico.

La clave está en ese estado mental.

¿Cuál es la característica fundamental en esos instantes en los que entramos en trance?

Estamos serenos y totalmente enfocados.

Y estamos conscientes; pues si estamos conduciendo y un coche se lanza a nuestro carril, salimos del trance instantáneamente y nuestra conciencia toma el control de inmediato.

Mis primeros pasos los di con la autohipnosis: cómo ingresar a este nivel de conciencia a voluntad.

Me costó, y mucho. Necesité dos años, aproximadamente, para perfeccionar la técnica, pero al final logré lo que quería: adquirir la capacidad de concentrarme por 5-6 horas a la vez.

(Quizá no suene tan espectacular, pero siempre he sufrido de una mente terriblemente dispersa). Así que ese fue mi primer paso.

El segundo paso era obvio: ¿Cómo haces para lograr que otra persona entre en un trance?

Antes de continuar, una aclaratoria:

No importa cuánta experiencia tengas en este campo. No importa la cantidad de casos de éxito hayas acumulado; si una persona no quiere hacer o cambiar algo de sí misma, no lo vas a hacer por mucho que lo intentes.

Dicho esto, tenemos dos opciones:

– Permitirle a las personas que aceptan ser hipnotizadas, a que entren en un trance. Esto es relativamente sencillo.

– La segunda opción, ¡Mucho menos ética! es hacer que alguien que no sabe que está entrando en un trance, asuma esta apertura sin su consentimiento.

Recuerda: Si alguien no quiere cambiar, no cambiará. Pero si alguien no está al tanto de la intromisión en su línea del pensamiento… eso es otra cosa.

De hecho, me topé con esta última modalidad cuando estudiaba persuasión subliminal. Los mentalistas lo usan con frecuencia, y consiste en identificar los puntos débiles de la personalidad para entrar por allí.

En este nivel, la persona está totalmente consciente de sus actos pero no comprende por qué quien tiene enfrente ejerce tal magnetismo sobre ella. Como si la conociese de toda la vida.

Un ‘cortocircuito’ en el comportamiento.

Puede parecer insólito que podamos ser sugestionados aún en contra de nuestra voluntad, pero quien provoque un ‘cortocircuito’ en tus procesos puede hacerlo. Te doy un ejemplo muy, muy accesible:

Estás en una estación de trenes; los últimos trenes de la tarde están a punto de salir, así que tienes menos de dos minutos para comprar tu billete. El de la taquilla te da dos opciones: Un viaje más largo y económico, u otro más corto y costoso.

Tu mente se sobrecarga por la presión del tiempo. Si el operario tan sólo toma uno de los billetes y te lo ofrece con la mano [izquierda], ten por seguro que ése es el que aceptarás, sin pensarlo mucho.

Y aquí entramos en el terreno del lenguaje corporal.

(Y se complica aun más la cosa)

¿Qué ha pasado? tu mente ha entrado en una especie de bucle, fíjate:

Diablos. Tengo que decidir rápido. Pero necesito tiempo para decidir. No quiero tardar mucho. Pero el precio del otro es exorbitante. Tengo que pensar. Pero no hay mucho tiempo. Necesito tiempo… que no tengo, para pensarlo… pero tengo que tomar una decisión rápido…

¿Te ha pasado que tus pensamientos se ‘bloquean’ al momento de tener que tomar una decisión rápida? allí tu cerebro toma la decisión casi como una cara o cruz. Es una especie de trance en el que eres fácilmente sugestionable.

Los pasos para hipnotizar a alguien (Que sí quiere).

Los pasos del proceso de hipnosis, en líneas generales, son los siguientes:

– Identificar los puntos ‘débiles’ de la persona, o lo que ella quiere modificar en su comportamiento,
– Permitirle entrar en trance consciente a través del lenguaje hipnótico, lenguaje corporal y PNL,
– Darle la herramienta que necesita para poder cambiar lo que quiere cambiar.

Éste es enfoque positivo de la hipnosis. Por supuesto, en el enfoque negativo puedes ‘sembrar’ o sugestionar a la persona para que acepte algo que tú quieres.

Como ‘El Origen’ con Leonardo DiCaprio.

Por mi parte, llevo practicando este tipo de hipnosis desde hace siete años; tengo cierta afinidad con algunos números, y este período de tiempo me sugiere que ha llegado la hora de compartir mi experiencia.

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Jesús Enrique Rosas
Director – Knesix Institute

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