La vida empieza a desarrollarse de diferentes maneras para cada persona, pero lo que sí es un factor común son aquellas creencias limitantes que pasan de generación en generación sin que en algún momento se haya hecho un pare en el camino para crear consciencia de lo que se dice, piensa y peor aún se hace, ya que pasamos de hacernos daño a nosotros mismos a hacerlo a los demás, creando así generaciones de pobreza, miedo, rencores y todas aquellas palabras que puedan calificar la infelicidad del ser humano.

En mi certificación como Coach, una de las historias que más me ayudó a crear consciencia de esta realidad y que nos llenara de preguntas hacia nosotros mismos permitiendo así encontrar respuestas ocultas o simplemente quedaran allí, en preguntas, es la siguiente:

Un viajero se acerca a un restaurante con la intención de comer algo puesto que su travesía lo tenía agotado y hambriento, al entrar se da cuenta que lo único que venden es pescado frito así que pide uno. Vaya sorpresa cuando recibe su pescado sin cola y sin cabeza, al mirar a los demás clientes se da cuenta que todos los platos tienen un pescado sin cola y sin cabeza, sintió mucha curiosidad y asumió que era parte de la especialidad del plato así que se dedicó a disfrutar su comida.

Antes de irse pidió hablar con la dueña del restaurante ya que le pareció tan deliciosa la comida que quería conocer un poco más en detalle de su preparación; estando con ella discutieron se rieron y compartieron de las delicias del restaurante hasta que surgió la pregunta de oro, ¿porque el pescado no tiene cola ni cabeza? A lo que la dueña del restaurante respondió que ella recibió el restaurante de su mamá, que siempre se había hecho así.

El viajero marcho y la dueña del restaurante quedo con la duda ante aquella pregunta, nunca se lo había cuestionado, pero ante aquella conversación decidió preguntar a su mama, a lo que respondió que había recibido el restaurante de su mama es decir la abuela de la actual dueña y siempre se había hecho así mas no sabía cuál era la razón de fondo.

Al estar la abuela viva decidieron preguntarle, a lo que la vieja mujer respondió: Cuando tenía 14 años éramos muy pobres, nuestro único sustento eran los peces que podíamos por nuestros propios medios pescar en el rio y vender en un pequeño local en el mercado lo cual se convertiría más adelante en lo que es el actual restaurante; En ese momento solo teníamos una pequeña paila y para que los peces quedaran bien fritos teníamos que cortarle la cabeza y la cola, de esta manera cabían completamente en la paila.

En esta pequeña historia podemos sacar tantas enseñanzas como necesitemos para cada situación sea laboral, personal, social; Muchas veces por no salir de nuestra zona de confort nos dedicamos a hacer las cosas de la misma manera que las otras personas sin parar a preguntarnos qué herramientas tenemos hoy en día para ser creativos, ser diferentes y por ende ser más eficientes y más felices; La vida nos pone día a día personas y situaciones que nos retan a actuar por lo general reactivamente, sin darnos cuenta que lo que hacemos es traer nuestro pasado al presente y

responder desde ahí, tenemos que empezar a vivir desde el presente, desarrollando habilidades que me permitan ser proactivo y vivir cada experiencia como única.

Caras largas, entrecejos fruncidos, labios tensos, miradas pensativas son algunos de los gestos que encuentro frecuentemente en mis reuniones de ventas; Uno de los retos día a día que me encuentro y aprendí a disfrutar más allá de vender es como romper ese hielo con cada una de las personas que me encuentro de reunión en reunión y lo que es más triste de bar en bar, lo interesante es que cada persona es tan diferente que la estrategia siempre cambia, muchas veces las personas tienen esas creencias limitantes tan talladas en su cabeza como por ejemplo “ si yo soy el cliente tengo que ser serio y mostrar carácter de mando sino me puedo ver débil y no voy a tener una negociación competitiva”, “Si soy guapa no debo mirar al chico que me gusta, debo dejar que el venga a mi” estas son algunas de tantas creencias que me encuentro día a día las cuales se hacen tangibles desde sus gestos y comportamiento apoyadas por sus palabras y tono de voz, sin embargo cuando logras traspasar ese muro te das cuenta que hay un ser humano detrás con miedos, inseguridades y cuando eso pasa empieza la magia.

En la actualidad tenemos la oportunidad de recibir de diferentes medios “salvavidas” que nos abren la mente a nuevas posibilidades, a cuestionarnos el porqué de lo que pensamos o hacemos, ya no hay excusas para estar haciendo lo mismo una y otra vez porque ya somos consciente de que el resultado va a ser el mismo y eso no es lo que queremos, estamos en una realidad donde las prioridades de vida están cambiando, donde ya hay generaciones nuevas que han catalogado como Millennials y Centennials, donde ahora el disfrutar la naturaleza, la vida, el conocerse y hacer lo que les gusta está por encima de cumplir horarios y seguir políticas con las cuales no están de acuerdo.

Nuestra realidad está cambiando y por ende nosotros también debemos cambiar, debemos ser lo suficiente flexibles para adaptarnos al cambio y a las situaciones, aprovechar las herramientas dependiendo de cada situación, el bote que me sirvió para cruzar un rio no lo puedo cargar “por si me encuentro otro rio” no me permitirá avanzar, en el momento que otro rio se cruce en mi camino habré desarrollado tantas habilidades que podré pasar cuantos ríos se me presenten en el camino de las maneras más impensables posibles.

Por: Juan Sebastián Navarro