«No hay destino, solo el que nosotros nos forjamos».

Esa frase de Sarah Connor me pareció fascinante desde 1991 cuando ella la grabó a punta de cuchillo cual adolescente aburrido en clase.

Sin embargo, ciertas condiciones aplican:

A veces, el *actuar* no significa exactamente lo que nos imaginamos.

Un ejemplo:

Revisando las asignaciones de nuestros cursos, reparé en la anécdota de uno de nuestros participantes en un aeropuerto.

En este caso en particular, un funcionario de inmigración se mostraba reacio a aceptar su tránsito por el país, a pesar de tener sus documentos en regla.

Si fuese Sarah Connor, probablemente la cosa habría ido a mayores.

Pero él decidió (sabiamente) mantener la calma y esperar a que viniese otro funcionario al que habían llamado para revisar su caso.

Cuando llegó el otro, verificó que todo estaba en regla y los dejó pasar.

Así que, en este caso, salió adelante… no haciendo nada.

Solo manteniendo la calma y esperando.

(Y dándose cuenta de que el primer funcionario tenía una actitud poco cooperativa).

A veces nos cuesta ‘no reaccionar’.

Y sobre todo, recordar que la actitud indiferente o incluso hostil de los demás, no necesariamente es personal.

(De hecho, muy rara vez es personal).

Es más: Imagina que alguien te dice, a la cara:

«No te soporto».

Eso quizá sería suficiente para que más de uno iniciara un contraataque emocional y verbal.

Pero la pregunta que te debes hacer (internamente) es:

«¿Por qué esta persona siente así?»

Recuerda que ellos están viendo la situación a través de su propio cristal.

Sus palabras puede que sean solo una forma de airear su frustración… aunque en el fondo sepan que tú no tienes nada que ver.

Si reaccionas sin averiguar, sin escuchar, sin indagar… solo empeorarás las cosas.

De allí que una de las herramientas más poderosas sea: Asentir y reconocer la emoción del otro.

(No tienes que darle la razón, si no la tiene).

Solo tienes que reconocer la emoción y usar sus mismas palabras.

«Entiendo que no me soportes. Quisiera saber el [por qué] te causo ese sentimiento y ver qué podemos hacer al respecto».

No estás aceptando la etiqueta, pero tampoco estás contraatacando.

¿Crees que puedas intentarlo la próxima vez, con tus propias palabras?

Verás que así te ahorras un montón de conflictos y malentendidos.

La persuasión es un proceso complejo que comienza en tu interior. Yo puedo guiarte, con mi programa completo:

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Jesús Enrique Rosas
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