La gente que pasaba por la playa a esa hora, nos veía… raro.

Yo estaba parado sobre la arena, con mis zapatos en la mano izquierda. En la derecha, sujetaba el móvil en alto; pero no tomaba ninguna foto. Solo apuntaba al mar.

A treinta metros, en el agua y sumergido hasta las rodillas, estaba Arturo. Pelo cano alborotado, el cristal de sus lentes salpicado de agua salada.

En sus manos, un par de páginas mecanografiadas.

Trataba de hacerse escuchar sobre las olas, la brisa y las gaviotas.

Mientras, yo grababa su alocución.

El reto era sencillo: Al terminar el ejercicio, le enviábamos la grabación a su asistente. Ella tenía que ser capaz de transcribir el discurso, palabra por palabra.

Si se equivocaba en una sola palabra, tendríamos que repetirlo todo al día siguiente.

(Y si quieres saberlo, sí; tuvimos que hacer el ejercicio seis veces para completarlo).

Usualmente ofrezco este tipo de entrenamientos personalizados una o dos veces al año, pues duran un par de meses.

Pero si el hablar en público es parte de tu trabajo… o incluso, tu trabajo depende de tus habilidades de hablar en público… a veces hay que tomar medidas desesperadas.

Lamento decirte que en tres o cuatro sesiones no ‘aprendes’ a hablar en público. Mucho menos si acostumbras dirigirte a audiencias de más de cien personas.

¿El error más común?

Creer que el sistema de amplificación se encargará de ‘llevar’ tu voz a tu público.

Un punto importantísimo es que el volumen de tu micrófono sea exactamente el que necesitas, y que puedas imprimirle pasión a lo que hablas, sin dejar a todos sordos.

En otras palabras: El volumen debe venir de ti.

No solo de tu garganta y tu pecho: de todo tu cuerpo y tu ser. Tienes que ser “Uno” con tu discurso.

(Por muy Zen que suene, es una realidad ineludible para poder impactar).

Ahora, todo depende de qué tan lejos quieras llegar.

Pero si tu proyecto profesional y de vida es grande (y espero que así sea), en algún momento vas a hablar frente a un público numeroso.

Espero que sea así.

Y también espero que en ese momento tus nervios no sean de resistencia, sino de anticipación.

Que no puedas esperar a salir y dar lo mejor de ti.

Que los dejes a todos impregnados con tu aura y no olviden lo que les hiciste sentir.

Ahora, lo primero que debes hacer cuando tengas esas 300 personas enfrente, es pensar en eso que tú tienes… que ellos necesitan.

Y tú estás allí, con el mayor gusto y disposición, a presentárselos a lo largo de tu exposición.

¿Qué quieres que sientan cuando cierres tu discurso, dándoles las gracias?

Y lo más importante, ¿Qué acción quieres activar en ese momento?

Un buen discurso, inspira.

Un discurso extraordinario, impulsa a la acción.

Tocar el alma de cientos de personas a la vez, es una experiencia sublime.

¿Quieres materializar ese momento de forma espectacular?

Nosotros tenemos la fórmula, con nuestra Certificación de Conferencistas.

Todavía puedes ingresar a nuestro Círculo de Conferencistas en un solo pago de 1497 dólares; a partir del 1 de enero de 2020, la inversión aumentará a 1997.

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No es solo pensar en grande, sino actuar en grande.

Te espero en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu Lenguaje Corporal.

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